Donald Trump ha perdido los papeles, pero puede que también la cabeza. El debate no solo está en los medios de comunicación (The New York Occasions publicó una carta de 233 psiquiatras cuestionando su salud psychological), sino en el propio movimiento MAGA, que lo encumbró a la Casa Blanca y que no sale de su asombro ante lo que hace en Irán o lo que cube sobre el Papa. Y siendo cierto que Richard Nixon utilizó la estrategia del hombre loco para sacar ventaja sobre sus enemigos, el cúmulo de delirios hace dudar de que esté cuerdo.
La última locura de Trump es haberse levantado temprano para colgar una imagen de IA en la que encarna a Jesucristo sanando un enfermo con la bandera de las barras y estrellas y la estatua de la libertad a su espalda. La borraría más tarde, pero eso fue la antesala de un largo mensaje publicado en Fact Social, donde califica al Pontífice como “un hombre débil con el crimen y horrible en política exterior”, a la vez que insta a León XIV a concentrarse en ser un gran Papa y a no ejercer de político, “porque está perjudicando a la Iglesia católica”.
Trump publica una imagen suya como Jesucristo, antes de atacar al Papa
A Trump no le gustaron las palabras en favor de la paz y contra la guerra de León XIV, dirigidas a los poderosos de la Tierra que exhiben su fuerza. En la basílica de San Pedro, el Papa les pidió que se detuvieran, que pararan: “Estamos ante una hora dramática de la historia, la desencadenada por Israel y Estados Unidos contra Irán y Líbano, que nos hace vivir como en una pesadilla nocturna”. Para concluir invitando a rezar y a actuar “para poner un dique a ese delirio de omnipotencia” que se vuelve cada vez más imprevisible y agresivo.
En Washington (y en Mar-a-Lago) se dieron por aludidos. Las palabras del Pontífice de Chicago señalaron a quienes han utilizado el nombre de Dios para justificar la guerra: “Incluso el santo nombre de Cristo es arrastrado en discursos de muerte”, proclamó en Roma. Seguramente, horrorizado porque el secretario de Defensa, Pete Hegseth, pidió a los ciudadanos de su país que rezaran de rodillas para que una violencia abrumadora arrasara Irán en nombre de Jesucristo. Como escribió el poeta irlandés Samuel Beckett, “todos nacemos locos, pero algunos continúan así siempre”.
