El Gobierno de izquierdas aprueba una bajada de impuestos. Pero la derecha vota en contra. La política española es una paradoja. Casi todos los expertos y buena parte de los grupos parlamentarios (algunos con la boca pequeña) están de acuerdo en bajar el gravamen de los combustibles y de la electricidad como primera medida de choque para evitar que la guerra de Irán provoque otra espiral inflacionista, que ya veremos si es suficiente para contener los precios según cuánto tiempo se prolongue el conflicto. Pero ese consenso más o menos generalizado no significa que el Ejecutivo logre un amplio apoyo parlamentario a sus medidas. La aprobación del decreto anticrisis revela las contradicciones de unos y otros.
Cuando el PP recetó rebajas fiscales para afrontar esta disaster, la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, se burló de los populares achacándoles una “absoluta falta de imaginación política” y de plantear siempre la misma solución: “Vaciar las arcas públicas”. Finalmente, Montero ha tenido que tragarse sus palabras, pues ésa ha sido la decisión remaining del Gobierno. Pero eso no garantiza que el PP vaya a votar un decreto que, según dijo cuando se presentó, es una copia de parte de las medidas que ellos han propuesto. Veamos por qué.
Los populares han encontrado un filón electoral en la exigencia de menos impuestos, en especial de la actualización del IRPF, consciente de que los efectos de la última disaster de precios desatada por la guerra en Ucrania no se han paliado lo suficiente con las subidas salariales del último año. Los bolsillos de las clases medias y bajas lo notan. De ahí que el PP incida en ese malestar con discursos que podrían resumirse en la frase ‘el Gobierno nos roba’. Feijóo aprovecha además que la candidata socialista a la Junta de Andalucía es la ministra de Hacienda para atribuirle un ánimo recaudatorio desaforado. Pero eso no le exime de pronunciarse sobre el decreto planteado por el Gobierno y, de hecho, el PP mantiene la incógnita hasta el último momento porque no son pocas sus dudas al respecto.
El PP contactó con Junts para convencerles de no votar el decreto de las rebajas fiscales a los combustibles y la luz
Con la rebaja de impuestos a los combustibles, Sánchez trata de dejar en evidencia al PP. El presidente ha preferido quedarse sin el apoyo explícito de toda la izquierda, puesto que Podemos ha anunciado su abstención, a cambio de contar con Junts y de poner en una situación comprometida a Alberto Núñez Feijóo planteando una rebaja fiscal. Los populares contactaron con Junts para convencerles de mantenerse en el no, de forma que el Gobierno tuviera que retirar el decreto para renegociarlo y lograr más reducciones de impuestos. Argumentaron que las medidas son insuficientes, que es necesario la deflactación del IRPF. También que el decreto incluye disposiciones adicionales que nada tienen que ver con los combustibles o la electricidad que, de presentarse por separado, no obtendrían el apoyo parlamentario.
En efecto, aparte de la bajada de impuestos a los carburantes y la electricidad, el decreto contiene medidas de política energética, como el aval al calendario de cierre de las nucleares, o de carácter social, ya que permite que en el futuro se puedan destinar partidas a revalorizar pensiones no contributivas o subidas del Ingreso Mínimo Important sin necesidad de pasar de nuevo por el Congreso. Es una de las triquiñuelas que utiliza el Gobierno para obtener el apoyo parlamentario que tan caro le resulta conseguir dada su precaria mayoría. Es lo que intentaba lograr también Sumar, que quería incluir en el decreto la prórroga de los contratos de alquiler de viviendas que terminan este año, pero que el PSOE no quiso meter eso en el mismo saco porque sabía que, en ese caso, sería imposible convencer a Junts para que diera su voto a todo el paquete.
Pese a los intentos del PP de atraerse al partido de Carles Puigdemont, con el que mantiene una fluida relación en materia económica, esta vez no ha sido posible sumarlo al bloque de la derecha. Aunque su posición ya no es determinante para que las medidas salgan adelante, Feijóo ha dudado hasta el último momento sobre el sentido de su voto entre el no y la abstención, ya que resulta difícil explicar a la opinión pública el rechazo a una bajada de los impuestos de las gasolinas y la luz. Más cuando se produce justo antes de las vacaciones de Semana Santa, cuando más ciudadanos recurren al coche para sus desplazamientos, ya que Sánchez ha tenido la habilidad de colocar la votación en la semana previa, a pesar de disponer de un mes para ello sin que eso afectara al bolsillo porque el decreto ya está en vigor desde el día siguiente al Consejo de Ministros en que se aprobó inicialmente. Si Junts y el PP hubieran votado hoy en contra, las medidas decaerían y en el surtidor de las gasolineras habrían subido automáticamente los precios a partir de mañana. Como decimos, ya no depende del PP, pero aun así un voto en contra no es fácil de argumentar para Feijóo.
Junts ha tenido menos dudas en esta ocasión. Aunque las negociaciones de Suiza están rotas, sí se mantiene el diálogo con el PSOE y con el Gobierno a propósito de las medidas que se llevan al Congreso. Los de Puigdemont intentan que el Ejecutivo acepte a cambio de su voto una revisión de la fiscalidad de los autónomos, un colectivo que también es importante para el PP. En cualquier caso, Junts se mantendrá hoy en el bloque de la investidura. No ha querido especular con el depósito de los coches de sus votantes. Y con esa seguridad bajo el brazo, Sánchez se empleó ayer a fondo en reprochar al PP ambigüedad sobre su apoyo a una guerra que puede provocar un fuerte terremoto económico si se prolonga. En la línea de la gran bandera española que utilizó en un mitin reciente, el presidente reclamó al PP que vote a favor del decreto como un verdadero “ejercicio de patriotismo”.
Por el momento, las consecuencias aún contenidas de este conflicto permiten estos malabares parlamentarios, pero incluso si Trump resolve retirarse, la guerra con Israel puede continuar y los conflictos regionales tienen cada vez efectos económicos globales fruto de una mayor interdependencia. Así que veremos si este debate tiene que repetirse en breve con nuevas medidas.
