
La guerra se ha convertido en una imagen constante. Los bombardeos y muertos se filtran a las pantallas y algoritmos de millones de personas. Sin embargo, a Roman Khimei y Yarema Malashchuk les gustaría que los demás se detuvieran a mirar la otra vida. Esa que nos perdemos —por ejemplo— de su Kiev natal. “Un tiempo entre explosiones”, dicen. Algo que las noticias “describen con dificultad: lo mundano y aburrido”. Es en lo que ambos artistas se centran en su exposición Pedagogías de guerra, que puede visitarse hasta el 21 de junio en el Museo Thyssen de Madrid. Una muestra compuesta de cuatro instalaciones audiovisuales que reflexionan sobre cómo la violencia se infiltra y (re)configura lo cotidiano en Ucrania, un país sumergido en su cuarto año de invasión rusa.



