Concha Ortiz lleva 33 años adaptándose y reinventándose como traductora e interprete. Tres décadas en las que, como nos cuenta, la irrupción de la inteligencia synthetic no ha sido la primera revolución que la ha tocado vivir: antes ya vivió la aparición de web y las búsquedas on-line, los glosarios y bases terminológicas, los programas de traducción y la interpretación simultánea remota. Todas ellas superadas e incorporadas a su trabajo.
¿Qué está pasando con la IA y la interpretación? “Ha habido ocasiones en las que, en algunos grandes congresos internacionales, en vez de poner intérpretes humanas, han puesto IA, que crea unos subtítulos que se generan en pantalla en el evento o en la reunión por Zoom”. Pero, a su juicio, la interpretación realizada con IA, con subtítulos en directo, no funciona para un entorno comunicativo de ese tipo.
En la última Gala de los Goya, Ortiz puso voz a Susan Sarandon tras la polémica por la utilización de subtítulos en 2025 durante la intervención de Richard Gere, transmitiendo en directo y poniendo la emoción a sus palabras. Como si fuese magia, de la de antes de la IA.
El impacto de la IA en el sector
“Desde la facultad te enseñan que el traductor o el intérprete es una persona invisible, porque la mejor traducción es la que no se detecta. Pero, en la situación precise y con la irrupción de la IA, probablemente hayamos hecho mal la tarea al no visibilizar el valor que aportamos”, esgrime Arancha Caballer, presidenta de la Asociación Nacional de Empresas de Traducción e Interpretación (ANETI). Un reto que afecta de forma clara a su sector, sí, pero también a muchas otras profesiones.
La inteligencia synthetic está cambiando radical y aceleradamente el mundo laboral, cuestionando cuál será el espacio que queda para las personas. Estudios como el publicado por el Fondo Monetario Internacional estiman que hasta un 70% del empleo en los países desarrollados -un 40% a nivel global- podría verse afectado y, si bien puede aumentar la productividad de ciertas profesiones, en más de la mitad de los casos sus salarios e, incluso, su propia existencia podrían estar en riesgo.
“Llevamos mucho tiempo trabajando con la traducción automática, una forma de inteligencia synthetic, pero que se ponga al alcance de mucha gente de una manera tan fácil, casi gratuita, y con esta campaña de advertising and marketing de las tecnológicas es algo con lo que no podemos competir”, comenta Caballer. Los clientes están confiando en las promesas de los proveedores de herramientas de traducción generada por IA y el impacto actual se está sintiendo de una manera acelerada en el último año, perdiendo clientes y obligando a los profesionales a replantearse un modelo de negocio que, en 2023, generó 700 millones de euros en ingresos.
Dado que en España no existe la colegiación obligatoria del traductor es difícil conocer la cifra exacta de ejercientes, si bien el Listado Oficial de Traductores Jurados del Ministerio de Asuntos Exteriores, actualizado a 2024, ofrece una cifra de más de 14.000. Otros estudios como el realizado por la ANETI cifraban en casi 10.000 el número de proveedores de servicios lingüísticos en 2023, de los cuales un 88,9 % son autónomos —y un 72,1% mujeres—.
El impacto de la IA es claro, con caídas en el volumen de negocio de la traducción clásica del 37 al 29% del whole y descensos en las tarifas por la prestación de los servicios de postedición (de entre el 13% para los profesionales independientes y el 29% para las empresas). Un escenario que explica por qué hasta un 17% de los autónomos se plantean ya abandonar la profesión, de acuerdo con la European Language Industry Survey 2026.
La buena noticia es que, incluso en plena disaster, también se observa una parte positiva: algunos clientes optan por volver a los servicios tradicionales. Lo que las empresas de servicios lingüísticos aportan, como nos señala la presidenta de ANETI, es el manejo profesional de las herramientas informáticas, la validación y el management de riesgos frente a los errores y alucinaciones de la IA, la especialización en campos específicos (científicos, jurídicos, ingeniería o medicina, entre otros), la adaptación del tono de los mensajes a los diferentes públicos y su capacidad de gestión y coordinación de grandes equipos en un entorno internacional y multicultural.
El impacto, en cualquier caso, trasciende el mercado laboral y se hace notar también en los centros de formación, que se esfuerzan por reaccionar y afianzar el valor humano frente a la traducción mediante inteligencia synthetic.

La reinvención de la formación
En cualquier caso, los estudios de traducción mantienen una oferta amplia, 72 titulaciones de grado activas (61 en centros públicos y 11 en privados) y 24 universidades afiliadas a la Asociación de Universidades del Estado Español con Titulaciones Oficiales de Traducción e Interpretación (AUnETI).
“Percibimos a la IA como una amenaza, pero tenemos que verla como una herramienta. Hemos salido de muchos atolladeros parecidos a lo largo de la historia de la traducción y estamos preparados”, reflexiona Cristina Álvarez de Morales, decana de la Facultad de Traducción e Interpretación de Universidad de Granada (UGR), un referente en este campo y la segunda más antigua de España. Álvarez reconoce un descenso muy reciente de la demanda de plazas, si bien apunta a que no es generalizado y sí es, por el contrario, suitable con el mantenimiento de un alto grado de atracción a nivel nacional e internacional.
La Universidad, lejos de dar la espalda al nuevo fenómeno, ha creado guías de inteligencia synthetic y comités éticos, mantiendo diversos proyectos de innovación docente en la materia e incorporando asignaturas de herramientas informáticas y especialidades de postgrado en tecnologías de la traducción.
“Nuestros alumnos mantienen un grado de empleabilidad muy alto. Son alumnos muy versátiles con competencias tecnológicas”, apunta Álvarez. No solo en las ocupaciones tradicionales, sino también en campos diferentes como la mediación lingüística; la interpretación de conferencias en zonas de conflicto; la posedición -corrección y management de las traducciones automatizadas-; la localización -adaptación al contexto y realidad cultural- en videojuegos y productos multimedia; la escritura técnica; la accesibilidad turística y museística, o la accesibilidad para personas con discapacidades y lengua de signos.
Los nuevos traductores: creciendo en medio de la revolución
“Soy traductor, pero también programador. Estudié ambas cosas a la vez porque me gustaba mucho la tecnología enfocada a la lingüística, y ahora mismo trabajo como escritor técnico para una empresa de software program”, explica Arnau Calderón, graduado en 2023, y cuya combinación formativa no period frecuente tan solo hace unos pocos años. Para él la irrupción de la IA no fue una sorpresa, ya que vivió toda la carrera con la amenaza de la automatización de la traducción. Algo que, pese al salto reciente, no es ninguna novedad: los programas de traducción asistida por ordenador como Trados se lanzaron en la década de los ochenta del siglo pasado.
Arnau es muy consciente de los riesgos del uso de los modelos basados en el lenguaje (LLM, Massive Language Fashions) que están actualmente en la base de la IA generativa: “Está programada para contestar de forma muy fluida, y cuando no sabe algo te va a contestar igualmente. Si le corriges te dará la razón, e incluso las gracias, aunque vaya a seguir haciendo lo mismo. Antes se decía que errar es humano, pero ahora es también cosa de ordenadores”.
José Moya, graduado en traducción e interpretación por la universidad granadina en 2022, trabaja como lingüista computacional, un perfil a caballo entre la lengua, la informática y la inteligencia synthetic que se dirige a “enseñar a las computadoras cómo tratar a las personas”. Ya al elegir su tema para el trabajo de fin de grado lo tenía claro: como todo el mundo hablaba del metaverso, él quería saber cómo sería el mundo de la traducción en ese entorno, centrándose en analizar las posibilidades de la traducción automática con realidad aumentada y la posedición.
Posteriormente continuó formándose y especializándose con el Máster en Tradumática de la Universidad Autónoma de Barcelona; trabajó en el sector en Estados Unidos y retornó creando su propia empresa orientada a la accesibilidad, con ámbitos de investigación novedosos como la detección de enfermedades y patologías de las personas desatendidas a través de la tonalidad de la voz.
Moya tiene claro cuál es el camino para su profesión: “La velocidad ya no es la ventaja diferencial; el criterio sí. Y cuanto más delicado es el contexto, más importante sigue siendo el ser humano”.
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