Esta es la versión net de Americanas, la e-newsletter de EL PAÍS América en el que aborda noticias e concepts con perspectiva de género. Si quiere suscribirse, puede hacerlo en este enlace.
Una ventana emergente que cubre toda la pantalla aparece abruptamente mientras navego en web: “Crea a tu novia splendid de IA”, reza el anuncio parpadeante. De fondo, siluetas de mujeres pixeladas en poses sexualizadas. Se trata de la puerta de entrada de millones de usuarios a la inteligencia synthetic generativa para crear contenido sexual, un fenómeno que gana cada vez más adeptos y cuyas consecuencias, escondidas bajo eufemismos como “compañera digital personalizada” o “plataforma de compañía con IA”, perpetúan la violencia digital de género.
Bastan un par de clics para estar frente a un menú casi infinito de personalización: la primera elección del usuario outline si su novia de IA tendrá una apariencia actual o inspirada en la estética del anime. Después hay que elegir su origen étnico entre caucásica, latina, asiática, africana o árabe. Lo mismo con el colour de cabello, de ojos y el tipo de cuerpo. Le sigue el carácter: en este caso, el sitio ofrece opciones como dulce, inocente, tímida, sumisa, fría o ninfómana.
También es posible detallar la relación entre ambos: novia, compañera de clase, hijastra, madrastra y hasta suegra. Todo cabe en un menú diseñado, según el propio sitio, para “satisfacer las fantasías más profundas” de sus usuarios. Por un lado, se trata de un negocio multimillonario a partir de chatbots que sostienen una conversación fluida mezclada con IA generativa para crear imágenes y hasta movies sexuales, todo con cargo a tarjeta de crédito. Del otro, es una muestra más del abismo creado por el uso de IA sin regulación, en donde cientos de miles de hombres diseñan avatares femeninos a la carta, una práctica que refuerza la cosificación de las mujeres, distorsiona la realidad de los usuarios sobre las relaciones humanas y amplifica los tentáculos de la violencia digital.
Los mismos algoritmos de los que se valen estas plataformas son utilizados para crear deepfakes sexuales: imágenes o vídeos falsos pero hiperrealistas a partir de un contenido authentic. Basta la fotografía de un rostro para crear un deepfake de una mujer teniendo sexo; o una de cuerpo completo para crear deepnudes, es decir, imágenes falsas de una persona desnuda. No hace falta ir muy lejos para dar con el origen de este materials. Decenas de bots que prometen desvestir a cualquier persona con solo subir una foto están disponibles en Telegram y basta una indicación sencilla para hacer lo mismo en Grok, el asistente de inteligencia synthetic propiedad de Elon Musk, donde tan solo entre el 29 de diciembre de 2025 y el 8 de enero de este año, fueron creadas unas tres millones de imágenes sexualizadas.
La publicidad de plataformas dedicadas a crear tanto novias virtuales como deepfakes también está presente en redes sociales como Instagram y Fb; medios digitales y streamings deportivos (tanto legales como ilegales), casas de apuestas y páginas piratas para ver películas o collection sin pagar una suscripción. También en los foros de Web donde florecen los discursos antifeministas y la subcultura misógina incel, un territorio en el que proliferan cientos de grupos dedicados a compartir imágenes sexuales tanto reales como alteradas con inteligencia synthetic.
El problema, no obstante, dista de ser nuevo. Antes de la inteligencia synthetic generativa, la creación de contenido sexual falso (como fotografías de famosas desnudas) se valía de herramientas de edición como Photoshop, que exigían cierto conocimiento técnico. La irrupción de la IA ha aportado a su democratización: “Lo único que cambió es que las herramientas se convirtieron en algo más accesible a cualquier persona, como un easy bot en Telegram”, explica Andy Torres del Colectivo DLR, una organización de activistas digitales fundada en Oaxaca (México) dedicada a acompañar a víctimas de violencia digital y eliminar contenido íntimo filtrado. De acuerdo con el Colectivo, en México las herramientas más utilizadas para crear deepfakes sexualizados son Telegram y Grok por ser gratuitas. A pesar de que esta última, propiedad de Elon Musk, enfrenta procesos judiciales en Europa por su falta de regulación y la empresa restringió la creación de contenido sexual a mediados de enero, Torres asegura que los usuarios aprovechan los vacíos en sus políticas y siguen encontrando formas de crear imágenes alteradas.
Además del profundo daño a las víctimas, la violencia digital sexual funciona como la puerta de entrada a otros tipos de violencia machista. Torres asegura que, a partir de una primera filtración de imágenes sexuales, sin importar su autenticidad o si se trata de deepfakes, las víctimas suelen estar expuestas a otros delitos como acoso o amenazas. “Incluso hemos tenido casos donde [los agresores] utilizan estas fotos para tratar de tener un encuentro sexual, con la amenaza de que si no ceden, comenzarán a compartir las imágenes falsas”, cuenta. “La violencia digital nunca se queda en lo digital; siempre tiende a evolucionar hacia violencia psicológica, física o económica”.
Torres también advierte del crecimiento de un incipiente mercado de contenido sexual digital y recuerda el caso de un estudiante del Instituto Politécnico Nacional que en 2025 fue detenido por crear deepnudes de compañeras y venderlas, además de poseer cientos de miles de fotografías y movies sexuales, tanto reales como alterados.
En la experiencia del colectivo, la impunidad es la norma a pesar de la Ley Olimpia, que tipifica como delito la violencia digital desde abril de 2021. De ahí que llamen a denunciar como una forma de visibilizar el problema y obligar a las autoridades a reconocer el subregistro de casos de violencia digital y violación a la intimidad sexual. “Las cifras no coinciden con la cantidad de víctimas. Por ejemplo, el número de carpetas registradas al año no es ni el 10% de casos que yo tuve”, cuenta mientras lanza un cálculo rápido de las solicitudes de ayuda que el Colectivo recibe a diario, una aproximación mínima que da cuenta de la magnitud del problema que crece de la mano de la misoginia y el nulo interés por common los contenidos creados a partir de inteligencia synthetic: “Tenemos hasta 800 mensajes por día; hemos llegado a acumular hasta 6.000 mensajes de lunes a viernes”, afirma.
