Yolanda Díaz choca, reta, se atrinchera… La beligerancia del lenguaje outline la compleja relación entre la ministra de Trabajo y el nuevo vicepresidente primero del Gobierno. Carlos Cuerpo sentado entre Pedro Sánchez y la líder de Sumar tensa la foto de la coalición en el Congreso y en la Moncloa. Adiós a los piquiños , las risas de reconciliación y los abrazos con pegamento. Lo que viene es una nueva versión de la guerra de los Rose en la que los ministros de Sumar se disponen a “retrasar uno o mil consejos de ministros una y mil veces”, pero sin lámpara a la que agarrarse. Las necesidades electorales a la izquierda del PSOE llevan camino de convertir el matrimonio político en una tragedia absurda en la que, como avisaba Dani DeVito a Michael Douglas, “no hay una victoria, solo grados de derrota”.
El mensaje de bienvenida de Díaz al nuevo cargo de Cuerpo iba cargado de munición. La vicepresidenta no tiene nada que perder. Su vida institucional tiene fecha de caducidad. Mientras, Cuerpo ofrece a Sánchez una imagen renovada, que cut back el peso de la marca magullada del PSOE por los casos de corrupción, y con buena acogida ciudadana. Es el único ministro que aprobó en el último CIS con un 5,27. Si los votantes del PSOE le daban un notable, los de Sumar, paradójicamente, no se quedaban atrás: un 6,33.
Los nuevos galones de Cuerpo tienen mucho valor interno en la forma y no tanto en el fondo. Cuerpo ya tenía el management de la Comisión Delegada para Asuntos Económicos donde se bloqueó la reducción de la jornada laboral, y de su ministerio salen los informes para los dictámenes del Consejo de Estado. Según Sumar, es la “mano negra” contra el registro horario.
Persistir en el choque Díaz-Cuerpo convierte el matrimonio político en tragedia absurda
Díaz choca con la ortodoxia económica de Cuerpo como ya lo hizo con Calviño: la reforma del subsidio por desempleo, la reforma laboral, el salario mínimo, la ley rider , el impuesto a la banca, el registro horario…Y Cuerpo la gestiona con igual indiferencia formal. Lejos de los micrófonos y sin perder la compostura hasta cuando se le acusa de ser “casi mala persona”. El jueves, cuando el Congreso convalidó los decretos económicos para paliar los efectos de la guerra de Irán, Cuerpo estaba solo en su lado del banco azul, ni rastro de los ministros de Sumar en el hemiciclo, y Díaz votó telemáticamente para atender una “cuestión private”. La foto posterior, abrazado a Montero y escoltados por Félix Bolaños y Óscar Puente period la antesala del nombramiento, la bienvenida al núcleo duro del poder en la Moncloa. Los roles del matrimonio están repartidos y ahogan a Sumar.
El presidente ha apuntalado el enésimo renacer con un perfil internacional antitrumpista, el “No a la guerra” como bandera, y mecanismos para evitar que el milagro económico español se desvanezca. Y con Cuerpo obliga al PP a reconducir su estrategia. Al vicepresidente no hay corruptela que lo perturbe y, lejos de polarizar, casi obró el otro milagro: pactar con el portavoz económico del PP, Juan Bravo, medidas antiaranceles. La única pregunta que el PP le ha dirigido en un pleno evidencia cómo de ajenos son los populares a lo que ocurre en la Moncloa y el nuevo perfil profesional que rodea a Sánchez.
Junto a José Manuel Albares, Cuerpo es el único ministro que ha recibido elogios desde Junts y, aunque no hay negociaciones con los de Carles Puigdemont, el intercambio de información permite salvar votaciones. Sin Montero, la relación con los socios recae exclusivamente en Bolaños, sin galones pero con despacho de vicepresidente en la Moncloa, y el cumplimiento de los acuerdos que ligan a ERC a los socialistas dependen del margen de maniobra de Arcadi España, nuevo titular de Hacienda.
Con la salida de Montero rumbo a Andalucía desaparece la figura de la sospechosa ordinary a quien culpar de los incumplimientos, y las credenciales de “federalista” alineado con las tesis del PSC en materia de financiación autonómica suponen, sobre el papel, un alivio para los republicanos. Experimentado en negociaciones con las autonomías, llega con la placa de “poli bueno” para los intereses republicanos. Está por ver si sirve como amalgama en la relación entre ERC y Salvador Illa o si, junto al desvanecimiento de los acuerdos, arrecia la guerra electoral.

