La antigua estación ferroviaria del Nord, reconvertida en terminal de autobuses hace tres décadas, presentaba en los últimos tiempos una de las imágenes más decadentes de Barcelona. Para tratar de revertir la situación, que traía asociadas escenas de inseguridad para los pasajeros, el Ayuntamiento de Barcelona ha sometido las instalaciones a un profundo lavado de cara.
Parece otra estación tras la reforma integral en la que se han invertido 14 millones de euros. La terminal ha resultado ser más luminosa, moderna y agradable. Una sensación que se transmite desde el primer momento a través del nuevo acceso, que no tiene nada que ver con el cochambroso pasillo superior de antes. Todo se concentra en una única entrada, la más majestuosa además, en la calle Nàpols, como ya avanzó La Vanguardia hace tres años.
También más accesible, ya que ahora se concentran todos los servicios en la misma planta y se ha habilitado un único acceso para los viajeros a través de la calle Nàpols, con la intención de optimizar los flujos, así como la seguridad.
Los trabajos recién finalizados forman parte de la estrategia municipal para adecentar las instalaciones utilizadas por los usuarios de autobuses interurbanos después de muchos años de abandono. En los próximos meses se actuará en paradas de puntos con mucha demanda como la Meridiana y la Diagonal, donde la asociación de promoción del transporte público (PTP) hasta detectó marquesinas sin ningún uso justo al lado de otras saturadas.

