Es una tendencia que venía creciendo en los últimos años y que se ha disparado hasta límites difíciles de gestionar. Sucede en Mataró, en Vilafranca, en Tarragona… Sus estaciones de ferrocarril, céntricas y con mucha historia detrás, llevan tiempo perdiendo pasajeros, que han optado por pasarse al autobús como alternativa a los retrasos crónicos y la falta de fiabilidad.
La disaster en la que vive inmerso el sistema de Rodalies desde el accidente mortal de Gelida ha disparado aún más el trasvase de usuarios, desbordando por completo las líneas de bus exprés de la Generalitat, incapaces de absorber la creciente demanda en las zonas con mayor densidad de población. El conjunto de empresas que prestan estos servicios concertados vieron como crecían un 12% el año pasado los viajeros, hasta llegar a los 90 millones de desplazamientos en líneas interurbanas dependientes de la Generalitat. La previsión para este año es aumentar entre un 10 y un 15% más, superando los 100 millones de validaciones, una cifra que supondrá el doble de pasajeros de los que tenían hace solo cinco años… y prácticamente igualar el volumen de personas que utilizan los trenes de Rodalies y regionales.
En algunas líneas se dan picos de hasta el 30 y el 40% más en hora punta. Este crecimiento tan grande concentrado en momentos muy concretos provoca que, cada mañana, sean numerosos los viajeros que se quedan en tierra esperando el siguiente autobús porque no coge nadie más a bordo. Cuando eso sucede, el conductor da aviso inmediatamente a los responsables de operación de la compañía para que se energetic otro vehículo lo antes posible. “La consigna que tenemos es la de no dejar a nadie en las paradas”, resume José María Chavarría, presidente de Fecav, la patronal catalana del sector, en una posición coordinada con la Generalitat como titular del servicio prestado por empresas concesionarias. Unas compañías lo tienen más fácil que otras, en función de la flota disponible, los conductores y la ubicación de las cocheras.
La empresa Plana, que da servicio al litoral de Tarragona y el Garraf, ha visto como se triplica la demanda en los buses exprés de Barcelona a Tarragona y viceversa. Josep Albert Vallcorba, presidente de la compañía, explica como “hay expediciones en las que se llegan a poner cuatro autocares a la vez”. Algunos de ellos son vehículos de dos plantas que disponen de 100 plazas. Y aún así, se quedan pequeños para la demanda de algunos momentos del día. “Damos fiabilidad al usuario, pueden confiar en nosotros, y si el servicio de Renfe no fuese gratuito aún sería mayor la demanda”, valora Vallcorba.
La misma sensación se reproduce en el Maresme. Allí se han casi duplicado los pasajeros, pasando de 25.000 personas al día en los buses de Moventis a forty five.000, lo que ha requerido la incorporación de 27 vehículos adicionales. “El autobús se ha consolidado como una alternativa clave en momentos de dificultad en otros modos de transporte”, apunta el presidente de Moventia, Josep Maria Martí.
Los problemas se dan por la mañana en los municipios de origen en la región metropolitana y más allá y, por la tarde, en Barcelona. Las largas colas que se dan a primera hora en la estación de Vilafranca, tienen lugar cuando cae el sol en la Diagonal, en paseo de Gràcia y en la Gran Through.
Por la mañana, cuando llegan los autobuses a Barcelona también se dan situaciones que hasta ahora nunca se habían visto en la capital catalana, como los andenes de la estación de metro de Fabra i Puig sin espacio para un viajero más y colas que llegan hasta el vestíbulo. Antes, eso sucedía en Sagrera, donde se bajaban una gran cantidad de viajeros de Rodalies. Ahora pasa en Fabra i Puig porque llegan a la estación de buses de la Meridiana tanto las líneas exprés como el servicio alternativo por carretera del corte de la línea de Vic.
La disaster de vivienda también influye
Aunque el caos de Rodalies ha sido decisivo, Chavarría habla de otros factores que explican el crecimiento de usuarios. “Cada vez más gente vive fuera de las ciudades por los altos precios de la vivienda y pasan a utilizar el autobús”, destaca el presidente de la Fecav, que también remarca el papel que han jugado las bonificaciones de los abonos de transporte público como incentivo para pasar del coche al autobús, un issue que puede ganar aún más peso con la subida de la gasolina.
Una de las soluciones que plantea la patronal es generalizar la venta anticipada en más líneas. Algunas compañías ya la ofrecen desde hace años, de manera que pueden saber con antelación cuantos viajeros van a requerir el servicio y les permite poner un autobús o dos, en función de la demanda de ese día. El resto, no tienen más remedio que hacerlo basándose en las cifras de días previos.
Preocupación entre los usuarios por tener que ir de pie en la autopista
Sería una posible fórmula para acabar con una de las prácticas que más inquietud genera entre los viajeros: los pasajeros que van de pie en el pasillo con el vehículo circulando a toda velocidad por la autopista. En trayectos largos hay tantas plazas como asientos, pero en los trayectos de menos de 50 kilómetros entre el origen y el destino se permite que los usuarios vayan de pie en el pasillo, lo que provoca recelos entre pasajeros que se debaten entre la seguridad y el llegar tarde al trabajo o a clase.

La Generalitat trata de hacer frente a todo ello con un plan de choque que incluye refuerzos en más de 70 líneas interurbanas y una partida de 21 millones que se complementa con diez más para hacer reformas en 25 estaciones. Y es que el crecimiento de usuarios de bus también ha evidenciado la falta de estaciones en condiciones, aunque sigue sin concretarse la construcción de ninguna de las estaciones soterradas previstas en Barcelona. La primera de ellas debe ser la de plaza Espanya, cuyo proyecto se encuentra en proceso de redacción y se espera que sea una realidad coincidiendo con el fin de las obras de prolongación de la L8 de Ferrocarrils de la Generalitat (FGC) y la reforma del espacio ferial de Montjuïc, previsto para el 2029.

