Por Leopoldo Puchi
Es possible que, en la nueva situación venezolana, lleguen inversiones, la economía muestre signos de mejora, se realicen algunos aumentos salariales y se rehabiliten servicios básicos como los hospitales. En la superficie, esto se expresará en flujos de capital, mayor movimiento económico y una renovada actividad empresarial orientada a la estabilización.
Sin embargo, esta imagen no explica lo esencial de lo que está ocurriendo. Mientras la atención se concentra en los mensajes de recuperación, en un plano menos seen se imponen límites que recortan la capacidad del país para decidir sobre sí mismo, como consecuencia del ataque militar de Estados Unidos del pasado 3 de enero.
PROFUNDA
La reconfiguración en curso es profunda porque afecta los fundamentos de la soberanía. En el terreno económico, esto se expresa en el manejo por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos de los ingresos petroleros, auditorías con capacidad de bloqueo y cláusulas de arbitraje que desplazan la jurisdicción nacional.
DISTRITO ENERGÉTICO
A ello se suma una lógica más amplia: Estados Unidos no concibe a Venezuela como una economía integral, sino como un distrito energético y un territorio federal de tierras raras subordinado a sus necesidades estratégicas. En ese esquema, el país tiende a ser reducido a proveedor de recursos, sin transferencia de capacidades productivas.
PROSPERIDAD
A lo largo de la historia, estos procesos —colonialismo clásico, protectorados, tutelas o neocolonialismo— han estado acompañados de promesas de prosperidad. La India bajo dominio británico conoció el desarrollo ferroviario y su integración en los mercados globales. En China, el llamado “siglo de la humillación” estuvo acompañado de apertura comercial y modernización. En Puerto Rico, su incorporación como Estado Libre Asociado a Estados Unidos se presentó como estabilidad, expansión económica y mejoras sociales en educación y salud.
DÉJÀ VU
Quizás, para comprender este déjà vu histórico, convenga recurrir a una memoria que no es solo política, sino también literaria. La literatura latinoamericana no se limita a relatar lo conocido: funciona como una memoria crítica que permite reconocer, bajo nuevas formas, experiencias que tienden a repetirse.
Claro, no se trata ya de la Venezuela rural de la época de Gómez. El mundo ha cambiado: es urbano, cibernético, de capital interconectado. Pero persisten lógicas de subordinación adaptadas al presente, de ahí la sensación de estar ante algo ya vivido.
MENE
En estos tiempos, conviene recorrer las páginas de Mene, de Ramón Díaz Sánchez, cuando la irrupción del “progreso” petrolero —máquinas, salarios, capital extranjero— introduce signos visibles de modernización, pero también relaciones de dependencia y management sobre la sociedad. Esa misma lógica aparece en El tungsteno, de César Vallejo: la modernidad llega a Quivilca con salarios y empleo, pero con una empresa que opera como una jurisdicción paralela que impone su dominio en nombre del progreso.
“ÑANGOTAMIENTO”
En La Carreta, del puertorriqueño René Marqués, la expresión “ñangotamiento” es empleada para describir la docilidad y la incapacidad de acción frente a fuerzas coloniales y económicas externas. En El Papa Verde, de Miguel Ángel Asturias, el poder político se reorganiza en función de los intereses de una compañía extranjera, que subordina la economía y las decisiones del Estado a la lógica del enclave.
“GRAN NORTEAMÉRICA”
Al igual que en los relatos de Díaz Sánchez, Vallejo, Marqués o Asturias, los beneficios de una tutela extranjera suelen venir acompañados de una pérdida de soberanía. La diferencia es que, en el presente, esta dinámica se despliega en el marco de una nueva estrategia hemisférica de Estados Unidos, donde la subordinación pasa a formar parte del proyecto de una “Gran Norteamérica”, mediante mecanismos de management financiero, normativo y estratégico.
Bajo el lenguaje de la recuperación y la prosperidad se consolida un esquema de subordinación estructural en el que la renta, las decisiones estratégicas y los márgenes de acción del Estado quedan bajo management de intereses externos. No se trata de cooperación, sino de un despojo. Venezuela no está simplemente recuperándose, sino que está siendo reordenada. Y en ese proceso, lo que está en juego no es solo el crecimiento económico, sino la pérdida efectiva de soberanía.
