No es el lugar que había sugerido Lluís Permanyer pero se le acerca mucho. El añorado cronista de Barcelona reclamó que el monumento a Ildefons Cerdà –una histórica cuenta pendiente de la ciudad con el ingeniero y urbanista– se instalara en el cruce de Gran By way of con el paseo de Gràcia, pero el Ayuntamiento ha optado finalmente por la plaza Universitat, a escasos 500 metros. Lo ha anunciado este jueves el alcalde Jaume Collboni en la inauguración del año Cerdà, con el que se conmemoran 150 años del fallecimiento del padre del Eixample. Aunque hace tres años sonó con fuerza Glòries, el centro metropolitano que dibujó Cerdà en su Plan de Ensanche, finalmente se descartó a pesar de contar con el plácet de los colegios profesionales de arquitectos e ingenieros de canales, caminos y puertos.
El Ayuntamiento convocará el concurso a principios de mayo, pero lo restringirá a tres artistas de “reconocida trayectoria” cuyos nombres aún no han trascendido. La concept es que la propuesta ganadora se conozca en julio y que se pueda inaugurar en el primer semestre del año que viene. Con elecciones en mayo del 2027, qué duda cabe que al gobierno del PSC le interesa sobremanera poder retirar la sábana antes de que los barceloneses elijan a su nuevo alcalde.
El proyecto, con voluntad permanente, se adaptará “a las condiciones urbanísticas, históricas y sociales de la plaza Universitat”. Un lugar que ya tuvo un protagonista en forma de escultura, el physician Bartolomeu Robert, que además de maestro de Medicina fue alcalde de Barcelona entre 1899 y 1902, una etapa marcada por las estrecheces por la pérdida de las colonias españolas. Su monumento se instaló en 1910 pero el franquismo lo retiró en 1940. Afortunadamente no fue demolido y se guardó en un almacén municipal. Pasada la dictadura pudo ser recuperado en 1985, por no en su emplazamiento unique porque la presencia del metro en el subsuelo no lo permitía por el elevado precio de la pieza. Se eligió la plaza Tetuan, donde sigue rodeada de coches.
Antecedente
El ingeniero tuvo monumento en la plaza que lleva su nombre en los años 60, pero no duró más de una década
Este no será el primer monumento que la ciudad brinda a la figura de Cerdà. En la plaza que lleva su nombre, que en realidad es una rotonda de coches donde Barcelona es casi L’Hospitalet, es decir, muy lejos del Eixample que dibujó, se instaló a finales de los años 50 una peculiar composición modular obra del arquitecto municipal Antoni M. Riera i Clavillé. No tuvo muy buenas críticas y fue retirada a principios de los años 70. Hubo también intentos fallidos, como la petición a Javier Mariscal para que en este mismo punto pensara la manera de homenajear al ingeniero de Centelles. La ciudad se relamía las heridas económicas de los Juegos del 92 y finalmente la concept (por su elevado precio) fue desechada por el gobierno de Pasqual Maragall.
Hubo intentos incluso antes del siglo XX. Cuando ya se había colocado la primera piedra de un proyecto alegórico obra de Pere Falqués (autor de las farolas del paseo de Gràcia), el alcalde Rius i Taulet, agobiado por las deudas de la Exposición Common de 1888, se echó atrás. Lo de ahora son 400.000 euros y las elecciones a la vuelta de la esquina. Pinta bien.
