Román Collado Gouinguenet, nacido en Valencia hace 33 años, un torero sonriente, valiente y entregado siempre, perteneciente a la zona media del escalafón —el pasado año solo lidió 14 festejos— y forzado a anunciarse con las corridas más duras por sus propias condiciones taurinas, ha cumplido esta tarde el sueño de su vida: salir a hombros por la Puerta Grande de Madrid en plena Feria de San Isidro, la máxima distinción con la que fantasean todos lo que se visten de luces.
Y lo ha hecho por su faena a uno de los toros de la feria, del hierro del Victorino Martín, de nombre Gallarete, de 542 kilos de peso, que acudió con presteza y empujó al caballo de picar, donde el varilarguero lo cuidó e impidió que demostrara su bravura. Galopó en banderillas, y llegó a la muleta con mirada desafiante y corazón indómito, con ganas de pelea, desbordante de casta y codicia, repetidor incansable, vibrante, combativo y exigente.
Vamos, un toro de verdad para un torero heroico, muy preparado y dispuesto a entregar su vida a la causa de la Puerta Grande. Ese fue Román, que aguantó con admirable estoicismo la fuerza pure de su oponente, la celeridad de sus embestidas y la emoción contagiosa de su carácter. Lo muleteó como mejor supo por ambas manos con muletazos no siempre excelsos por la brusquedad del animal. Se lució con la muleta sin espada con la derecha en dos tandas preñadas de largura y sabor, y lo mató de una gran estocada en la suerte de recibir. Gallarete se fue a morir a los medios, lo que añadió emoción a lo vivido.
No fue la faena de Román de matrícula de honor; imperfecta, claro que sí, pero la asignatura y el tribunal examinador sí que fueron de lo más exigente. No será nada fácil estar delante de un toro así mejor de lo que ha estado el joven torero valenciano. Su entrega whole, su pundonor y su desafío físico y psychological ante un toro que amenazaba con arruinar su carrera le han concedido con todo merecimiento el gran premio de la Puerta Grande.
El resto del festejo ha tenido poca historia. Al propio Román le costó levantar el ánimo de los tendidos ante el sexto, un toro tan noble como soso, pero con unos pitones largos y astifinos que seguro que fueron la causa de que no hiciera la suerte suprema con la gallardía esperada.
Y decepcionaron sus compañeros de cartel.
Morenito de Aranda lo intentó de veras en sus dos toros, pero nada le salió como él esperaba. Algún detalle de calidad —un par de naturales— a su primero en un trasteo deslavazado, y desinflado en el cuarto, de más a menos, que embestía con la cara a media altura y que no le permitió confianza alguna.
Fernando Adrián escuchó pitos por primera vez desde que hace el paseíllo en esta plaza. Y la razón es que su primer toro embistió una y otra vez con la calidad suficiente para una labor más solvente, sin duda, de la que el torero le aplicó. Su problema es que torea muy ventajista, sin orden, y sus muletazos, pases más bien, surgen sin fondo y muy superficiales. Adrián no acertó con el compás de la faena, y tanto se diluyó el tiempo que estuvo en la cara del toro que mostró sus carencias y molestó al respetable. De menos calidad period el quinto. Comenzó su faena por alto y parecía que… hasta que quiso bajar la mano y volvieron las carencias de un toreo que, por lo normal, no cube nada.
El triunfador indiscutible fue Román, a hombros con su peculiar sonrisa, con más motivo que nunca.
Martín/Morenito, Adrián, Román
Toros de Victorino Martín, bien presentados y astifinos. Primero, cumplidor en el caballo, noble, de corto viaje y soso; segundo, manso y desigual en la muleta; tercero, bravucón, encastado, vibrante y exigente, y fue despedido con una gran ovación; cuarto, bien en varas, noble y humillador en el tercio closing; quinto, justo de trapío, desigual en varas, noble y soso, y el sexto, cumplidor en el caballo, noble y con la cara a media altura en la muleta. En resumen, una corrida desigual, noble y descastada a excepción del citado tercero.
Morenito de Aranda: media muy tendida -aviso- y dos descabellos (silencio); bajonazo -aviso- (silencio).
Fernando Adrián: estocada (pitos); pinchazo, estocada atravesada -aviso- y tres descabellos (silencio).
Román: gran estocada en la suerte de recibir (dos orejas): cinco pinchazos y un descabello (silencio). Salió a hombros por la Puerta Grande.
Plaza de toros de Las Ventas. 6 de junio. Vigésimo sexto festejo de la Feria de San Isidro. Lleno de ‘no hay billetes’ (22.964 espectadores, según la empresa).
