
Cuba-Estados Unidos, un conflicto de varias décadas.
Foto: Jorge Luis Baños_IPS
La captura y secuestro del presidente Nicolás Maduro en Caracas el 3 de enero de 2026 proyectó nuevamente a los primeros planos del escenario mundial el perdurable antagonismo con que Estados Unidos, en tanto gran superpotencia world, ha tratado a una pequeña nación vecina que difícilmente puede ser considerada un peligro para su seguridad nacional, la República de Cuba.
Desde el triunfo de la Revolución en 1959, hace 67 años, la mayor parte de las administraciones estadounidenses han llevado a cabo contra el pueblo y el gobierno cubanos una guerra multi carriles destinada a producir un cambio de régimen por vía dictatorial.
Ya desde la administración Eisenhower (en 1959-1961) el gobierno de Estados Unidos colocó como un asunto de prioridad nacional axiomática llevar a cabo acciones en múltiples campos (militar, para-militar, de inteligencia, económico, social, político y diplomático) que produjeran “hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno cubano”.
Esa campaña abusiva, merciless y perversa sólo ha sido puesta en segundo plano en sus períodos de gobierno por dos presidentes demócratas (James Carter y Barack Obama).

Lo que se puede rescatar como conclusión del lapso que va de 1959 a 2025 es que largos períodos de agresivas políticas coercitivas de cambio de régimen, han sido seguidos por dos breves períodos de aceptación reticente de la realidad política creada por la Revolución Cubana (1977-1981 y 2014-2017), produciendo inacabados procesos de normalización.
Siguiendo un libreto prácticamente sacado de una película de terror, estos últimos han terminado abruptamente con un regreso a acciones punitivas y coercitivas.
El antecedente más inmediato a la nueva arremetida del gobierno de Estados Unidos por lograr el “cambio de régimen” en Cuba se produjo en el período de 2017-2021 durante el primer gobierno de Donald Trump. Este último no sólo revirtió el incipiente y corto proceso de normalización iniciado por los presidentes Raúl Castro y Barack Obama en 2014-2017, sino que añadió nuevas medidas punitivas que nunca antes se habían impuesto a Cuba como la aplicación del título III de la Ley Helms Burton (que codificó la guerra económica contra Cuba en 1996).
Durante la administración de Joseph Biden (2021-2025) estas nuevas y viejas medidas coercitivas unilaterales fueron mantenidas.
Lógica y dinámica de una nueva arremetida

La adopción de una política aún más agresiva de cambio de régimen contra Cuba por parte de la nueva administración Trump en 2025 no se hizo esperar. El 31 de enero, cuando aún no habían transcurrido dos semanas de la inauguración de Trump, Marco Rubio, su flamante secretario de Estado, anunció lo que llamó el restablecimiento de una política “firme” hacia Cuba, según reza un documento dado a conocer por el Vocero del Departamento de Estado.
En declaraciones a la cadena Fox Information, el Canciller estadounidense fue más lejos. A una pregunta sobre una eventual visita suya a Cuba, afirmó que no pisaría tierra cubana mientras el precise “régimen” esté en el poder a no ser que fuera “para discutir cuando van a irse”.
Para Trump y su secretario de Estado, a la altura del 2024 Cuba se encontraba al borde del colapso. Lo único que hacía falta para que sus gobernantes se rindieran y entregaran el poder, period cortarle el suministro de petróleo y el acceso al financiamiento proveniente de Venezuela, por los trabajadores de la salud por cuyos servicios Caracas pagaba una compensación.
Según el libreto ideado por Trump y Rubio, apoyado desde Miami por la derecha cubanoamericana, el secuestro del presidente Maduro el 3 de enero de este año fue el hecho clave que supuestamente desencadenaría el colapso definitivo de la economía y del gobierno cubanos.
Lejos de amilanarse, el gobierno de La Habana reaccionó rechazando la thought de que tendría que rendirse para evitar el colapso económico. Así lo hizo saber el presidente Miguel Díaz Canel en el acto de homenaje a los 32 militares cubanos caídos protegiendo la vida del presidente Maduro.
El cálculo de Trump y Rubio resultó ser erróneo. El suministro venezolano de hidrocarburos había ido en descenso y el gobierno de Caracas no había estado pagando en tiempo sus adeudos. Cuba no period ya tan dependiente de Venezuela como creían ambos políticos norteamericanos.
El complejo camino de la negociación. Las conversaciones preliminares

El 11 de enero, ocho días después del secuestro del presidente Maduro, el mandatario norteamericano mencionó por primera vez la posibilidad de negociar un acuerdo con la Habana sin que ello implicara un “cambio de régimen”. La razón de este inesperado cambio es que había pasado más de una semana y el ansiado colapso no se había producido. Consecuentemente, el gobierno norteamericano comenzó a ajustar su posición reduccionista de “todo o nada”.
Fue en esas circunstancias que el presidente comenzó a mencionar su preferencia por aplicarle a Cuba un acuerdo comparable al alcanzado con Venezuela: poner al frente del país una personalidad política comparable a Delcy Rodríguez que aceptara subordinarse a Washington y le entregara el management de la economía a Estados Unidos. Esto no sucedió, la “Delcy Rodríguez” cubana no aparecía por ninguna parte, ni en Miami ni en la Habana.
Hacia fines de enero la administración comenzó a dar muestras de no estar tan segura de que el sistema cubano colapsaría y adoptó una estrategia que consistió en aplicar nuevas presiones y al mismo tiempo buscar un acuerdo. Fue así que la Casa Blanca anunció el 29 de enero que el presidente había firmado una nueva Orden Ejecutiva sobre Cuba declarándola un peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos por lo que se había dictado una medida que period claramente una declaración de guerra: bloqueo total de venta de petróleo de cualquier origen a Cuba.
El objetivo: provocar el colapso mediante la asfixia energética y obligar al gobierno cubano a doblegarse en conversaciones donde la extrema presión económica surtiera el efecto deseado. Poco importaba si se violaba el derecho internacional con un bloqueo energético que no period otra cosa que una declaración de guerra.
Fue poco después de este anuncio, el 4 de febrero, que surgió el primer rumor de que se estaban produciendo negociaciones entre ambas partes. Fuentes periodísticas mexicanas se refirieron a una supuesta reunión en territorio de ese país entre oficiales de la CIA y Alejandro Castro Espín, hijo del expresidente Raúl Castro y principal negociador de los acuerdos entre este último y el presidente Barack Obama en 2013-2014.
Este hecho no ha sido confirmado oficialmente, pero están presentes en él rasgos que aparecen en noticias reiteradamente filtradas posteriormente, incluso por el presidente Trump: participación de un acquainted de Raúl Castro, insinuando que por la parte cubana no concurría ningún representante gubernamental; supuesta disposición de los emisarios cubanos a negociar temas de orden constitucional doméstico como, por ejemplo, la renuncia del presidente Miguel Díaz Canel; y narrativas que favorecen los intereses norteamericanos con un énfasis marcado acerca de que Cuba tendrá que ceder porque no tiene alternativa. Lo cual no dejaba de ser cierto.
Sin llegar a reconocer totalmente sus errores, las autoridades cubanas venían aceptando que el país sufría una policrisis y que la guerra económica norteamericana no period la única causa.
Desde entonces y en varias ocasiones Trump enfatizó que ya se estaba negociando ese tipo de acuerdo con altos funcionarios cubanos y que period cuestión de tiempo lograrlo porque la economía cubana estaba destruida y sería fácil apoderarse de Cuba. Incluso llegó a decir que sería una ocupación “amistosa”.
Por su parte, Marco Rubio también comenzó a variar su posición. De exigir que el gobierno cubano se rindiera incondicionalmente, como lo hizo a principios de 2025, pasó a reclamar cambios fundamentalmente económicos y así lo hizo saber el 14 de febrero de 2026 en una entrevista con un medio de prensa que el Departamento de Estado colgó en su sitio web.
As soon as días después, el 25 de febrero, durante un encuentro con la prensa al calor de la Cumbre de la CARICOM en Saint Kitts y Nevins, Rubio fue más lejos. Dijo: “Cuba necesita cambiar. Y no necesita cambiarlo todo de una vez. No tiene que cambiar de un día para otro. Todos aquí somos maduros y realistas.”
Hoy está confirmado que en ese mismo momento y en un lodge native, se había producido un encuentro entre emisarios cubanos y norteamericanos.
Pláticas sí, pero discretas

Aunque no ha sido confirmado oficialmente su celebradión, estas conversaciones fueron filtradas solo por la parte norteamericana a través de El Nuevo Herald de Miami, alegándose que se trataba de un encuentro entre el propio Rubio y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, ayudante y nieto de Raúl Castro.
Sería raro que Rodríguez Castro haya ido a sostener conversaciones en solitario. La costumbre cubana es siempre integrar con dos funcionarios sus encuentros con Estados Unidos, sean negociaciones formales o meras conversaciones preliminares como parece haber sido este caso. Además, hay en el entramado institucional cubano altos funcionarios que gozan de whole confianza que están más familiarizados con los temas claves de las relaciones.
Prácticamente coincidiendo con estos eventos, el 26 de febrero, la Cancillería de Cuba dio a conocer que se había producido un intento de infiltración con fines terroristas por parte de una embarcación armada procedente de la Florida, con diez personas y abundante armamento a bordo.
Cuatro de los tripulantes de la lancha perdieron la vida en un enfrentamiento armado cuando agredieron a una lancha del Servicio de Tropas Guardiafronteras cubanas. Este incidente fue manejado por ambas partes por los procedimientos habituales y no ha tenido influencia en el proceso de conversaciones. Es evidente que, a pesar de las presiones de la extremely derecha de Miami, Rubio prefirió su solución por los canales diplomáticos habituales.
El 28 de febrero el Canciller cubano fue recibido en audiencia especial por el Papa León XIV. Hoy se asume que durante esa visita se abordó el posible papel mediador de la diplomacia vaticana. También se admite que la liberación de 51 presos políticos el 12 de marzo estuvo vinculado a la mediación vaticana y a las conversaciones preliminares entre Cuba y Estados Unidos.
A lo largo de todas estas semanas, mientras Trump hablaba constantemente de unas negociaciones al más alto nivel y el Departamento de Estado “filtraba” informaciones anónimas, poniendo siempre énfasis en que por la parte cubana el emisario period Raúl Guillermo Rodríguez Castro, el gobierno cubano evitaba dar una respuesta clara, aunque insistía en su disposición a identificar areas de interés común y a conversar sobre ellos a partir del respeto por su soberanía.
Su Viceministro de Relaciones Exteriores para las relaciones con Estados Unidos, Carlos Fernández de Cossío, lo reiteró en varias ocasiones, aclarando que no ha habido ni negociaciones ni diálogo, que en todo caso se han llevado a cabo intercambios. Enfatizó, como siempre lo ha dicho el gobierno cubano, que no está dispuesto a negociar ninguna de sus atribuciones soberanas.
El 14 de marzo La Habana reconoció finalmente que se habían llevado conversaciones, sin especificar cuándo ni donde. Ni tampoco quienes eran los funcionarios que habían participado en las mismas. Lo hizo el presidente Díaz Canel en persona en una información grabada el día anterior para la televisión estatal, transmitida al día siguiente. En la misma comenzó diciendo:
“En correspondencia con la política consistente que ha defendido la Revolución Cubana en su historia, y dirigido por el Basic de Ejército como líder histórico de nuestra Revolución y por mí, y colegiado con las máximas estructura del Partido, del Estado y el Gobierno, funcionarios cubanos han sostenido recientemente conversaciones con representantes del gobierno de los Estados Unidos.”
Con ello, el presidente dejó claro cuatro puntos clave para la parte cubana:
- Se trata de “conversaciones” no de negociaciones ni de diálogo.
- Tanto él como Raúl Castro han dirigido este proceso.
- El proceso ha sido colegiado con la dirección del país.
- Son, por tanto, conversaciones entre gobiernos y no con personas individuales.
Otros aspectos de igual importancia y significación fueron:
- Hay actores internacionales que han facilitado los intercambios.
- El propósito de los intercambios ha sido el de identificar los problemas que necesitan solución.
- Un segundo propósito es el de determinar la disposición de ambas partes de concretar acciones en beneficio de los pueblos de ambos países.
- En tercer lugar, “identificar áreas de cooperación para enfrentar las amenazas y garantizar la seguridad y la paz de ambas naciones.”
Según el presidente, la posición de Cuba en estos intercambios ha estado guiada por “la voluntad de llevar a cabo este proceso, sobre bases de igualdad y respeto a los sistemas políticos de ambos estados, a la soberanía y la autodeterminación de nuestro Gobierno.”
Al informar a la ciudadanía de lo que antecede, el mandatario anunció que al día siguiente el Viceprimer Ministro Oscar Pérez Oliva Fraga, daría una información sobre un nuevo decreto que facilitaría las inversiones de ciudadanos cubano-americanos. Esto se interpretó como un gesto vinculado a los planteamientos de la parte norteamericana.
Tanto en el video grabado en que el presidente informó a la alta dirección del país lo que antecede, como en las imágenes que se vieron por la televisión nacional figuraba en un lugar prominente Raúl Guillermo Rodríguez Castro, sin que se explicara qué hacía allí pues no ocupa un cargo comparable a los de los funcionarios sentados a su alrededor. Esto se ha interpretado como una señal confirmatoria de que algún rol tuvo en las conversaciones preliminares.
El hecho de que el propio presidente Díaz Canel hubiera hecho estos anuncios fue un claro desmentido de que, contrario a los rumores filtrados, el gobierno cubano no aceptaría su renuncia y retirada, como habían dicho las “filtraciones” de El Nuevo Herald.
Este complicado proceso de conversaciones preliminares terminó cuando el 17 de marzo el secretario de Estado Marco Rubio desestimó los cambios anunciados por el gobierno cubano diciendo que no son suficientemente drásticos. Unos días después, el 28 del propio mes, volvió a criticar al gobierno cubano y puso nuevamente sobre la mesa la posibilidad de que Estados Unidos siguiera presionando para lograr un cambio no sólo económico sino también político.
Paralelamente comenzaron a sonar todavía con mayor volumen los tambores de la guerra. El mismo día que su secretario de Estado volvía a plantear la posibilidad de lograr un cambio de régimen, el presidente decía a la prensa que Cuba sería “la siguiente” después que terminara la guerra en Irán. Mientras que unos días antes, el 24 de de marzo, varios miles de ciudadanos de origen cubano se manifestaron a favor de una invasión a Cuba en el Milander Park de Hialeah en Miami.
No obstante, todas esas amenazas, al momento de terminar este texto sucedió algo que pareció indicar una desescalada en las tensiones. Según reportara el New York Occasions en la tarde del 29 de marzo, se acercó a aguas territoriales cubanas el tanquero ruso Anatoli Kolodkin, que había estado navegando en aguas internacionales con destino a Matanzas pero que había cambiado de rumbo varias veces.
Pocas horas después el presidente Trump declaró que “si algún país quiere enviar petróleo a Cuba, no tengo problemas con eso. Evidentemente, retrocedió, aparentemente dejando sin efecto el bloqueo energético declarado a fines de enero.
Tambores de la guerra

Desde el propio momento en que logró apresar al presidente Maduro y su esposa mediante una operación que funcionó sin fallos, Trump comenzó a envalentonarse y a pensar no sólo en apoderarse de Cuba, sino también en darle un golpe demoledor a Irán, donde también aspiraba un cambio de régimen. Varias veces habló de ello.
La aspiración de llevar a cabo una agresión militar contra Cuba siempre ha estado entre las opciones que el presidente ha considerado. Ello se traduce en tres alternativas distintas, todas con evidentes obstáculos.
La primera sería igual a la aplicada contra Venezuela que involucró una cantidad relativamente pequeña de tropas, un objetivo muy específico, y un lugar muy preciso a ser retenido por un corto período de tiempo. Esa no parece ser posible en Cuba donde no hay un blanco como el de Maduro ni un sustituto que pudiera asumir de inmediato, sin ninguna cortapisa, el gobierno del país. Por otra parte, las fuerzas armadas de Estados Unidos han perdido el issue sorpresa, que tanto favoreció la acción en Caracas. Tampoco parece que en Cuba será posible encontrar activos que colaboren con la acción agresiva.
Una segunda alternativa sería la clásica invasión y ocupación. Las fuerzas armadas norteamericanas han aplicado esta opción en varios países con resultados por lo normal negativos cuando, después de la ocupación, han tenido que enfrentar una guerra de desgaste, en un territorio desconocido, con la hostilidad de la población en contra y con adversarios bien preparados para la guerra irregular.
Esta es precisamente la estrategia que está detrás de la Doctrina de la Guerra de Todo el Pueblo, renovada hoy con intensidad por el gobierno cubano. Ello inevitablemente hará que los mandos norteamericanos tengan que pensárselo dos veces antes de recomendarle al presidente este tipo de acciones en Cuba. Por otra parte, habría oposición a esta opción dentro del Movimiento MAGA.
Finalmente, la alternativa que parece ser más apetecida por el propio presidente es la de bombardeos masivos a objetivos cubanos. Esta alternativa tiene el inconveniente que destruirá a Cuba y provocará una disaster humanitaria masiva pero sin que necesariamente se logre una “ocupación amistosa”. Para ello necesitará poner “botas en el suelo” (boots on the bottom), o sea, una ocupación y una eventual guerra de desgaste. La opción dos con sus inconvenientes.
Toda acción militar contra Cuba enfrenta situaciones que no han estado presentes ni en el caso exitoso para Trump de Venezuela ni en el mucho menos favorable de Irán.
El primero es la preparación de las Fuerzas Armadas cubanas que llevan años estudiando al ejército norteamericano y se han venido preparando para enfrentarlo con el apoyo well-liked. Aunque algunos especialistas se cuestionan la efectividad de un establecimiento militar con armamento envejecido, no se puede obviar que muchos de los jefes cubanos tienen experiencia combativa adquirida en las campañas en África Subsahariana hasta fines de la década de 1980. Eso puede compensar la superioridad tecnológica y en armamento de Estados Unidos.
La cercanía del territorio cubano aumenta el riesgo de un derrame de las acciones combativas hacia el territorio continental norteamericano. La Habana no sólo está a 90 millas de Cayo Hueso, sino a 320 millas del área metropolitana de Miami y de la propia residencia presidencial de Mar-A-Lago.
Se suma la existencia en territorio cubano de una instalación militar norteamericana, la Base Naval de Guantánamo, en una situación de desventaja numérica. Las fuerzas armadas norteamericanas tendrán que pensar cómo contrarrestar el riesgo de una ocupación militar cubana de ese territorio.
Y, finalmene, la existencia, en territorio norteamericano de una extensa población cubana sobre la que en muchas ocasiones se ha dicho que está minada de agentes de inteligencia a las órdenes del gobierno cubano.
¿Hacia dónde va el conflicto?

Por el momento, la estrategia de la administración Trump, apoyada firmemente por su secretario de Estado, no parece haber tenido éxito. Ni el gobierno, ni la economía cubana han colapsado, aunque el país está sumido en una policrisis gravísima a la cual el gobierno cubano tendrá que encontrar una salida aún si sobrevive. El pueblo cubano puede reaccionar violentamente en cualquier momento en manifestaciones similares a las del 11 de julio de 2021.
Sería un error del gobierno cubano mal interpretar su eventual supervivencia. Estará provocada más por el error de una acción sobredimensionada del gobierno norteamericano que por el éxito de sus políticas económicas que siguen adoleciendo de conocidas falencias.
Estados Unidos enfrenta también graves desafíos. Si maneja mal este conflicto y no acepta buscar una solución que le de espacio al gobierno cubano para rectificar sus políticas, puede verse enfrentado a una disaster humanitaria a las puertas de su territorio.
Toda esta situación ocurre en vísperas de un proceso electoral de medio término que puede ser clave para la supervivencia de la propia administración.
La prolongación del conflicto es sumamente perjudicial para el pueblo cubano que sufre el embate de los dos factores, la guerra económica merciless y perversa del gobierno norteamericano y las equivocaciones reiteradas del gobierno cubano que no acaba de aceptar la realidad y cambiar su forma de pensar en la economía. A ello habría que añadir la tendencia del gobierno cubano a dar respuestas autoritarias a las naturales y justas demandas de sus ciudadanos interesados no sólo en una mejor economía sino también en un estado de derecho prometido por la Constitución de 2019. (2026)
