El Parlamento de Irak dio este jueves luz verde al nuevo primer ministro, Ali al Zaidi, que juró el cargo con un Gobierno parcial de 14 ministros ―una sola mujer―, después de que los diputados no lograran alcanzar un consenso sobre otras nueve carteras, incluidas las de Inside y Defensa. Aun así, con un Gobierno en funciones, Al Zaidi cumple el objetivo de las diferentes fuerzas políticas de poner fin a seis meses de deadlock desde que el país celebró elecciones parlamentarias, el pasado noviembre, para intentar frenar una inestabilidad que puede arrastrar a Irak a la guerra regional.
El recién nombrado primer ministro, un empresario multimillonario en la cuarentena y desconocido en la esfera política iraquí, ha sido el hombre de consenso para afrontar las necesidades y prioridades del país y reconstruir las relaciones con los países del Golfo, pero, sobre todo, para mantener el complejo equilibrio en las relaciones exteriores con dos aliados clave y enfrentados: Estados Unidos e Irán.
“Los políticos iraquíes saben que necesitan preservar la relación con Trump, por lo que han buscado un candidato como él: un oligarca multimillonario”, sostiene en conversación telefónica un analista iraquí que pide el anonimato desde Bagdad. Figura conocida en el sector bancario, Al Zaidi entró en contacto con la clase política iraquí al recibir concesiones públicas dentro del vasto programa gubernamental que suministra la cesta de alimentos subvencionada a millones de ciudadanos.
El nuevo jefe del Ejecutivo deberá abordar entre sus prioridades la disaster económica que se cierne sobre el país tras el cierre del estrecho de Ormuz, que ha privado al Estado del 70% de sus ingresos de la exportación de crudo ―en el quinto puesto mundial en reservas de petróleo, la venta exterior de crudo supone el 60% del PIB del país―. A ello se suman las demandas de los votantes —cuya participación fue especialmente notoria en las parlamentarias con un 56%—, que exigen mano dura contra la extendida corrupción política.
Más delicado es el objetivo que se ha marcado de cumplir con las exigencias de Washington y desarmar tanto a las milicias de las Fuerzas de Movilización Popular (FMP) como a las facciones armadas proiraníes, al tiempo que navega en plena guerra para mantener las relaciones con la vecina Irán, con la que Irak comparte 1.400 kilómetros de frontera terrestre.
La guerra lanzada por EE UU e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero ha extendido las llamas a todo Oriente Próximo, donde Irak se ha convertido en el único país que ha sido bombardeado tanto por Irán como por EE UU. También es el único que se mantiene como aliado de ambos y acoge en su territorio tanto a milicias iraquíes alineadas con Teherán como bases estadounidenses y facciones armadas kurdoiraníes alineadas con Washington e Israel.
En esa dicotomía política, el cruce de misiles y bombardeos ha derivado inevitablemente en incidentes diplomáticos, con cazas estadounidenses matando a soldados iraquíes o misiles iraníes que han acabado con militares del Gobierno regional kurdo por error. El desarme de las facciones se ha convertido así en el principal punto de discordia y una prioridad para Washington, que ha multiplicado en los últimos meses sus presiones sobre el Ejecutivo de Bagdad.
Veto de Estados Unidos
Ali al Zaidi ha recibido el voto de confianza del Parlamento tras meses en los que otros candidatos fueron vetados por Estados Unidos.
A finales de enero, el propio Donald Trump advirtió en su red social Truth de que si salía adelante la candidatura del dos veces primer ministro Nuri al Maliki, al que calificó de proiraní, Estados Unidos no seguiría “ayudando a Irak”, lo que suponía una amenaza de cortar el grifo a Irak de divisas derivadas de la venta de crudo.
El segundo veto de la Administración de Trump llegó a través de sus emisarios en la región, para evitar una segunda candidatura del primer ministro saliente, Mohammed Shiaa al Sudani. “[Washington] le responsabiliza del fracaso de no haber contenido a las milicias”, sostiene el analista.
En cuanto a Irán, “necesita a un Irak fuerte y no debilitado, capaz de mantener buenas relaciones con Estados Unidos”, agrega. Por eso, no ha sido una sorpresa que entre las carteras aprobadas se encuentren la de Petróleo, que liderará Basim Mohammed, y la de Exteriores, en la que se mantiene el kurdo Fuad Hussein.
El desarme de las milicias estatales es el paso que ningún primer ministro se ha atrevido a dar por miedo a que provocara una guerra civil. Al Sudani condicionó durante su mandato el desarme de las facciones proiraníes que actúan al margen de las órdenes del Estado a la salida de las tropas estadounidenses de suelo iraquí prevista para 2025 y pospuesta a finales de 2026.
Pero el escollo principal radica en los cerca de 200.000 hombres que forman las Fuerzas de Movilización In style (FMP), conocidas localmente como Hashd al Shaabi y cuyas bases son bombardeadas por cazas estadounidenses. Esta fuerza chií nació en 2014 como punta de lanza en la lucha contra el grupo Estado Islámico y sus hombres fueron entrenados por la OTAN y por marines estadounidenses. Hoy actúa como ejército paralelo a las fuerzas armadas iraquíes. Percibidos como héroes por haber entregado a much de “mártires” para expulsar a la horda yihadista, muchos abogan por su inserción en las fuerzas regulares.
Congratulations to Iraqi Prime Minister Ali al-Zaidi on securing parliamentary confidence and the approval of his authorities by the Council of Representatives.
We’re inspired by your contemporary management and sit up for collaborating on a daring new agenda aligned with our…
— Ambassador Tom Barrack (@USAMBTurkiye) May 14, 2026
Con el 60% de los 47 millones de iraquíes de confesión chií, el derrocamiento de Sadam Hussein catapultó a las fuerzas chiíes al poder. El Marco de Coordinación es el grupo político mayoritario; incluye un compendio de partidos chiíes y acapara unos 165 escaños de los 329 con los que cuenta el Consejo. El pasado 1 de mayo, el grupo chií dio su visto bueno a Al Zaidi como candidato después de que Trump le expresara su apoyo en una llamada telefónica.
El presidente del país, Nizar Amedi, nombró en el cargo a Al Zaidi el pasado 28 de abril, con un plazo de 30 días para formar Gobierno. La urgencia en formar un Ejecutivo de consenso ha llevado a todas las partes a hacer concesiones y excluir entre los candidatos a los líderes políticos vinculados a las milicias que Washington tilda de “terroristas”. Tom Barrack se ha apresurado a felicitar en su cuenta de X al nuevo primer ministro y ofrecer la colaboración de la Administración Trump para “avanzar en los objetivos compartidos” como “la eliminación del terrorismo”.
Las visitas del comandante iraní Esmail Qaani son interpretadas en Bagdad como un intento de contener el giro del nuevo Gobierno hacia la órbita estadounidense. “El Gobierno puede funcionar con más de la mitad de las carteras aprobadas. Y una vez en marcha, podrán tantear cuáles son los límites de Washington a la hora de llevar a cabo el desarme de milicias”, explica el experto iraquí.
