León XIV pisa fuerte y no pierde el tiempo. Nada más poner un pie en suelo español lanzó un mensaje vigoroso y contundente, dirigido tanto a la sociedad como a la clase política, contra la crispación, a la que se refirió como unas “noches oscuras”. El Pontífice no se andó con rodeos en su primer discurso: Vengo para alentar e inspirar “una reconciliación y una cooperación más profunda entre las distintas fuerzas de esta nación”, dijo a los presentes. “Su propia historia sugiere que no es la cultura del enfrentamiento , sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad”, regañó a los políticos.
Desde hace semanas, en el Vaticano se filtraba que el viaje a España, el primero de un Papa en quince años, tendría dos grandes ejes: la inmigración, que alcanzará su punto culmen en Canarias, y la polarización política, un asunto que preocupa de manera especial al Papa de Chicago, también por lo que ocurre en su país. En la Península, según la Santa Sede, encuentra otro ejemplo preocupante.
Así, tras la breve ceremonia de bienvenida en el aeropuerto, el automóvil del Pontífice llegó a la plaza de Oriente, donde le esperaban los Reyes. Después, en el Salón de Columnas del Palacio Actual, Prevost, con su tono pausado, celebró la España “multifacética” y se dirigió directamente a una audiencia formada por políticos de hoy y de ayer. “Invito a todos, por amor a la verdad, a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad”, les espetó.
No es la cultura del enfrentamiento sino la del encuentro la que genera estabilidad y prosperidad”
En la sala el silencio se hizo aún más denso. Santiago Abascal, sentado lejos de las primeras filas e impasible durante toda la intervención, observaba el techo. Fue difícil no pensar en él cuando, poco después, Prevost llamó a“huir de los enfoques identitarios que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos” y reclamó una cultura del diálogo capaz de afrontar la complejidad de la realidad española y europea además de reivindicar el proyecto europeo.
Las palabras resonaron ante medio Gobierno, empezando por el presidente Pedro Sánchez; los expresidentes Felipe González, José María Aznar y Mariano Rajoy –José Luis Rodríguez Zapatero, centrado en su defensa, no hace acto de presencia estos días–; los presidentes de las comunidades y otros dirigentes como Alberto Núñez Feijóo o Abascal.
“Hoy, la tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones parece crecer, en lugar de disminuir; la dignidad humana no deja de ser violada”, advirtió después en una de las referencias más explícitas a la crispación que de España y buena parte de Occidente.
“No es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro la que genera estabilidad y prosperidad”, resalta
A la salida, el más satisfecho, al menos por el gesto, parecía ser el presidente del Gobierno, que escuchó con agrado el agradecimiento del Papa a España por su “fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo”, un reconocimiento que llega en un momento en el que el Ejecutivo ha intentado proyectar precisamente esa imagen en la escena internacional y que ha hallado ahí un punto de comunión con Roma que trata de explotar estos días.
Por la tarde, Prevost encabezó el que él consideró su primer acto en Madrid, en un centro de Cáritas para personas sin hogar y en situación de vulnerabilidad que siempre está abierto, Cedia 24 horas, en el barrio de Lucero. En la periferia, ya lejos de la pompa y las moquetas del Palacio Actual, en un escenario sencillo, el Pontífice remarcó que “la caridad no admite demoras” y advirtió del “riesgo” que entraña que determinados posicionamientos políticos y económicos lleven al engaño y a la indiferencia ante las situaciones injustas. Fue un acto sencillo, en el que las autoridades quedaron relegadas a las últimas filas y en el que los protagonistas fueron las personas que atiende Cáritas, visiblemente emocionadas.
Ya a última hora el Pontífice se dio un baño de masas con los jóvenes en la plaza de Lima, donde 15 años después volvieron a entonar: “¡Esta es la juventud del Papa!”.
Tras el protocolo, el Papa opta por la periferia y un proyecto social como “primer acto” en Madrid
Durante toda la jornada, miles de ciudadanos se congregaron a lo largo del recorrido del Papa, como en las grandes carreras ciclistas, con banderas y pancartas. Fueron más de 200.000 las personas que le saludaron, según los primeros cálculos del Gobierno. En la vigilia de la noche, según la Policía, hubo medio millón de personas.
En otro orden de cosas, en el vuelo que le llevó de Roma a la capital española, abordó algunos de los principales asuntos de la actualidad internacional. Empezando por la guerra en Irán. “En este caso deja de cumplirse el criterio para definirla una guerra justa. El problema es que la teoría de la guerra justa viene de siglos atrás. Nunca se imaginó que las armas y la capacidad destructiva del ser humano pudieran llegar tan lejos, como explico también en la encíclica”, afirmó.
El Papa se verá en Madrid con un grupo de víctimas de abusos, un encuentro privado no incluido en el programa. “Quiero subrayar que no solo personalmente, sino también en los lugares donde he estado, siempre he trabajado para instituir comisiones, aplicar las normas y las reglas, y seguiré haciéndolo también a nivel de toda la Iglesia. Porque esta sigue siendo una herida abierta”, recalcó.
Prevost garantiza su compromiso contra los abusos y se verá con víctimas en un encuentro privado
El Pontífice también bromeó con los periodistas que le preguntaron si había estudiado catalán, después de las polémicas de los últimos días en torno a la inauguración de la torre de Jesús de la Sagrada Família. “Por el momento solo sé decir ‘Bon dia’”, respondió entre sonrisas. Y confirmó que hablará catalán. La enviada de Catalunya Religió y Radio Estel, Mercè Alonso, consiguió incluso que se dirigiera a los catalanes en su propia lengua: “ Us espero, tinc ganes de veure-us ”.
