
En Venecia hay más camas turísticas que venecianos viviendo en el centro histórico. La marea de 30 millones de personas que la visitan cada año, siguiendo casi todos la ruta disneyficada que va del Puente de Rialto a la Plaza de San Marco, contrasta con una dinámica continuada de despoblación. Si en 1977 tenía 100.000 habitantes, ahora no llega a 48.000. Los intentos de controlar este modelo económico de productividad limitada –desde la prohibición de la entrada de los grandes cruceros hasta la obligación de pagar una cuota para entrar en el casco antiguo– no han obtenido los resultados esperados. Y las elecciones municipales de este domingo y lunes las ha ganado, gracias a la mayoría de votantes que reside en tierra firme y es ajena a los problemas más agudos en la isla, un candidato apoyado por la derecha gubernamental, y que en su programa no priorizaba las políticas encaminadas a preservar el arraigo de los vecinos. Venecia envía a otras ciudades un mensaje desde un futuro inquietante, y convendría escucharlo.