Qamar, de 6 años, le ha mostrado al fotógrafo su cuaderno, su lápiz y un sacapuntas. Tres de sus objetos más valiosos en este momento de su corta vida. Es palestina, cursa primero de primaria en una escuela financiada por la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA) en lo que queda de Gaza tras la invasión y matanza indiscriminada del ejército de Israel. Escribir, borrar, aprender, cuenta, es lo que le ayuda a seguir. Su rostro es uno de los 10 retratos que componen la exposición Gaza, donde la vida resiste, que se despliega por el gran vestíbulo del Museo Thyssen en Madrid.
Las más de 2.000 personas que pasan cada día por este espacio no tendrán más remedio que volver a mirar, hasta el 14 de junio, a este territorio que, como ha explicado Raquel Martí, responsable en España de la UNRWA, está en “un alto el fuego nominal, no actual”. Qamar sobrevive, pero desde que se declarara el supuesto closing de la guerra, más de 800 personas han sido asesinadas, según datos de este organismo.
Al lado de Qamar está Mu’ayyad, de 12 años, que no suelta el balón de fútbol. Hajja Rabin, de 65, que se ha hecho una casa con mantas en la que tiene poca intimidad. Malak, de 7, que conserva las chanclas con las que ha huido de los bombardeos. Sarah, de 28, trabajadora sanitaria de la UNRWA, que ha hecho de su fonendoscopio la mejor arma de prevención en un territorio donde se hacina más de un millón de personas y las enfermedades infecciosas y respiratorias campan a sus anchas ante el impedimento de las autoridades israelíes del paso de la ayuda humanitaria. “Permiten la entrada de más camiones para el comercio que para asistir a la población”, ha relatado Martí, cuya agencia ha calculado que al día pasan unos 100 vehículos cuando el acuerdo con el Gobierno de Benjamin Netanyahu period de 600.

Cada protagonista ha elegido, por lo tanto, objetos personales que configuran “una composición indisociable entre sujeto y objeto que pone de relieve cómo elementos cotidianos adquieren un significado extraordinario en un contexto de devastación”, ha dicho Guillermo Solana, director artístico del Thyssen.
El fotógrafo detrás de estas imágenes vive y trabaja en Gaza, pero ha preferido mantener su anonimato, no firmarlas porque, como sus demás colegas, es objetivo militar del ejército israelí, como el resto de la población, desde octubre de 2023, cuando comenzaron los bombardeos, el desplazamiento forzado y la hambruna. Su silueta, desvelan desde la UNRWA, está en la mirada de Qamar. Hay que acercarse a la imagen, mirar en la profundidad de los ojos de esta niña y encontrar así a este fotoperiodista.

Es la segunda ocasión en la que el Thyssen organiza una muestra en colaboración con la UNRWA para denunciar a través del arte la situación que sigue viviendo la población gazatí. “La otra vez se describió la situación extrema de los habitantes bajo la matanza indiscriminada. En aquel momento se ponía el acento en la supervivencia a pesar de todo”, ha explicado Solana. “Tras el presunto alto el fuego, la atención del público y los medios ha cambiado hacia otro lado, pero la ocupación en forma de asedio continúa”.
La muestra se enmarca en el programa Cultura Viva X Palestina y UNRWA, una iniciativa impulsada por UNRWA España para apoyar a Palestina que se celebra del 18 al 23 de mayo con varias actividades en Madrid.

