Imma Fuentes y Víctor Hugo Arévalo, ambos con una larga experiencia de vida en la calle, son dos de las personas que han participado como voluntarias en la campaña emprendida por la fundación Arrels para localizar elementos dispuestos en portales y otros espacios de las calles y plazas de Barcelona pensados para evitar que nadie duerma en estos emplazamientos. Arrels inició esta actividad hace cuatro años con el objetivo de sensibilizar a la ciudadanía del impacto de la denominada arquitectura hostil. De los 658 voluntarios que estas últimas semanas han participado en la iniciativa, la mayoría, 609, son estudiantes de centros educativos de Barcelona, Sant Feliu de Llobregat y Sabadell. En whole en este comienzo del 2026 se han localizado 393 puntos que sumados a los detectados de ediciones anteriores elevan el international a más de 1.600, indican desde Arrels.
Fuentes y Arévalo recorrieron hace unos días una zona de Ciutat Vella, de la calle Ample hasta el Macba. En sus primeros pasos, en Nou de Sant Francesc, corroboraron que en el acceso de un edificio en el que solía pernoctar un hombre habían colocado una barra metálica para impedir que nadie se acomodase allí. En la misma calle, en la esquina con la plaza Reial, hallaron otro obstáculo de similares características.
La iniciativa de Arrels ha documentado estas semanas un whole de 393 puntos para disuadir a los que duermen al raso
Fuentes cuenta que vivió 21 de sus 54 años a la intemperie en Barcelona, los primeros con sus padres, cuando todavía no había alcanzado la mayoría de edad. Arévalo, de 68, pasó cuatro y desde hace nueve reside en un piso de Arrels.
Después de la plaza Reial enfilan rumbo al mercado de la Boqueria, un enclave que día y noche acoge a ciudadanos indigentes. También aquí se ha dispuesto en unos bajos una suerte de barrote ondulado horizontal. Los dos subrayan que la tendencia de ya hace tiempo es cambiar los bancos amplios, con espacio suficiente para tumbarse, por los individuales. “Hay demasiada arquitectura hostil para expulsar a las personas sin techo”, afirman.

Arévalo sugiere acercarse a la iglesia de la plaza de Sant Agustí, donde ya hace tiempo que también se colocó en las escaleras de la entrada una barrera horizontal, tal como muestran en la foto. A pocos metros, el comedor social de las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa Calcuta recibe a diario a numerosas personas sin recursos.
El itinerario concluye en el Macba donde Arévalo durmió muchas noches en los meses de la pandemia de la covid, pero donde posteriormente también habilitaron unas vallas metálicas. Otros elementos arquitectónicos de estas características en la ciudad son pinchos y superficies inclinadas.
Lo que para unos es una respuesta para desalentar conductas incívicas y la utilización indebida del espacio público para otros es una muestra de hostilidad hacia los indigentes. Fuentes y Arévalo consideran que estos obstáculos al descanso generan inseguridad y estrés, además de criminalizarles.
El último recuento organizado por Arrels, el pasado mes de diciembre, confirmó alrededor de 2.000 personas durmiendo en la calle en Barcelona, una cifra récord.

