Hollywood no está este año en Cannes porque nadie sabe muy bien donde está ahora mismo Hollywood. Pero eso no quiere decir que no haya cine estadounidense en La Croisette. Lo hay, y de calidad. Aunque por desgracia también está su reverso: el documental de Steven Soderbergh John Lennon: The Final Interview es toda una oportunidad para verle las orejas al lobo. Concretamente las de inteligencia synthetic. Producida por Meta, el resultado (pese a su enorme interés como archivo sonoro) es tan irritante que resulta impresentable en un competition que presume de purista como Cannes.
El milagro del cine está ligado al del rostro humano, ningún otro arte se ha acercado tanto a lo que más nos outline. Hollywood fue una máquina de inventar rostros inagotables y James Gray entronca con esa tradición: el neoyorquino es un gran director de actores que conoce el poder de una mirada. Paper Tiger, que concursó el sábado en la sección oficial, está interpretada por Adam Driver, Miles Teller y Scarlett Johansson y los tres brillan ante la cámara de Grey, sobre todo el imponente Driver en la piel de un expolicía que envuelve a su hermano (Teller) en un mal negocio con la mafia rusa de Nueva York de finales de los ochenta. El director de Z, la ciudad perdida, vuelve a sus orígenes con un thriller intenso y muy bien ambientado entre el submundo prison y el de la clase media de Queens, sobrio y a la vez envolvente, un drama fraternal de tintes trágicos.
Pero si Grey representa cierta esperanza, todo lo malo que amenaza al cine estadounidense y a la entelequia de Hollywood está representado en el documental de Steven Soderbergh John Lennon: The Final Interview. Proyectada dentro de Cannes Première, se trata de un documento sonoro excepcional: la última entrevista que el músico concedió junto a Yoko Ono para una radio horas antes de ser asesinado a pocos metros de su casa neoyorquina, en la que el exbeatle y la artista conceptual hablan de cómo se conocieron, de su vida cotidiana, de sus ideales, de su hijo, de The Beatles, de la paternidad, de sus disaster matrimoniales, del feminismo y de su colaboración en el disco Double Fantasy. Ambos son puro carisma e inteligencia, aunque la voz cantante de la entrevista la lleva un Lennon distendido.
Para convertir el audio en película, Soderbergh recurre a archivos y a una entrevista con los dos periodistas y el técnico de radio que acudieron a la cita. Pero de manera irritante también a la IA. El resultado es bochornoso, además de la demostración de la fealdad y el sinsentido que pueden ser las imágenes creadas así.
Merece la pena enumerar las aberraciones que se le ocurren a la máquina, abstracciones inspiradas en palabras que salen de la boca de los dos entrevistados: espejos cuadrados en medio de la campiña o de un campo de trigo, bebés con coronas de flores, un rascacielos bañado en alquitrán, una tele que se hunde en alquitrán, más bebés con flores en la cabeza, personas voladoras, rosas negras, un lago con un campo de girasoles flotantes, la capa de un romano, un casco medieval y torsos musculados…. Lennon pronuncia la palabra “flor” y sale el bebé de la corona de margaritas. Yoko Ono habla de machismo y aparece el romano o el brazo de gimnasio. Y así todo. Ver esto en una pantalla grande es una encerrona de pesadilla que no pinta nada aquí.
