
En todo Brasil, las tasas de tabaquismo han disminuido drásticamente en las últimas tres décadas. Se han salvado vidas. Generaciones enteras han crecido respirando un aire más limpio. Durante años, Brasil ha sido reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud como un líder mundial en el control del tabaco. Es uno de los únicos cuatro países del mundo que ha implementado integralmente todas las medidas recomendadas por la OMS para reducir el consumo de tabaco —desde espacios libres de humo y apoyo para dejar de fumar hasta advertencias gráficas, prohibiciones de publicidad y aumento de impuestos—, y el único en las Américas en haber alcanzado este logro. Los resultados son innegables. Hoy, ese legado enfrenta un nuevo desafío.