Los votantes de California eligen este martes a los candidatos que competirán en noviembre por la gubernatura y 52 escaños del Congreso, en unas elecciones primarias que sirven como un termómetro de cómo reacciona un bastión de políticas progresistas ante el segundo mandato del presidente Donald Trump. La atención está centrada en la contienda por la gubernatura ante el vacío que dejará el demócrata Gavin Newsom, una de las voces más críticas de Trump y quien continúa enviando señales de una posible candidatura presidencial.
En las boletas aparecen 61 aspirantes a suceder a Newsom y, según las encuestas, ninguno cuenta con una ventaja holgada. California sigue siendo uno de los territorios más favorables para el Partido Demócrata, por lo que parece difícil que un republicano, incluso con el respaldo del presidente, logre teñir de rojo al Estado. Desde que el actor Arnold Schwarzenegger concluyó su segundo mandato en 2011, los republicanos no han vuelto a ganar ese puesto.
La elección del próximo gobernador no se decidirá este martes. Bajo el sistema de jungle main, o primarias abiertas, todos los candidatos compiten en una misma boleta y los dos más votados avanzan a la elección basic del 3 de noviembre, sin importar su afiliación partidista. Este modelo, adoptado en 2012, ha permitido que demócratas y republicanos compitan entre sí en una misma primaria. Desde su implementación, las dos plazas para la elección basic han sido ocupadas por candidatos de ambos partidos.
La carrera entre demócratas
El fracturado voto demócrata se divide entre 23 candidatos a gobernador, la mayoría con apoyos casi nulos. Si bien Eric Swalwell abandonó la campaña y su escaño de congresista en medio de graves denuncias de abusos sexuales, su nombre aún aparece en las boletas. Su dimisión favoreció a Xavier Becerra, quien fue secretario de Salud durante la presidencia de Joe Biden y fiscal basic del Estado.
Este hijo de inmigrantes mexicanos busca convertirse en el primer gobernador de origen hispano en los últimos 100 años. Los sondeos más recientes lo ponen al frente, con alrededor del 28% de la intención del voto. Detrás de él aparecen el demócrata Tom Steyer, un multimillonario que fundó una de las firmas de inversión más grandes de San Francisco, y el republicano Steve Hilton, un excomentarista político que ha sido respaldado por Trump y por la maquinaria financiera de su partido.
Lo que ocurra en California podría influir en la estrategia demócrata rumbo a las elecciones presidenciales del año 2028. Durante el primer mandato de Trump (2017-2021), el Estado se posicionó como la principal fuerza de resistencia en temas como inmigración, cambio climático, derechos reproductivos y justicia social. Ahora la incógnita es si mantendrá esa línea frontal o si algunos demócratas intentarán moderar el discurso. En esta ocasión, al debate se le suma la imparable inflación y el alto costo del flamable y la vivienda, que siguen golpeando los bolsillos de los californianos. Esto a pesar de que viven en la que es considerada la cuarta economía más grande del mundo.
Las cifras del voto anticipado por correo apuntan a un electorado indeciso y poco entusiasta. Solo el 11% de los cerca de 23 millones de votantes del Estado habían enviado sus boletas hasta la noche del miércoles. Eso incluye al 15% de los republicanos, el 11% de los demócratas y el 8% de los registrados sin afiliación partidista o con otro instituto, según un seguimiento hecho por el estratega Paul Mitchell, citado por AP.
La sombra de Trump
A pocos días de la apertura de los centros de votación, Newsom firmó una ley que, según aseguró, busca blindar las elecciones frente a una posible interferencia de la Administración Trump. La norma, que entró en vigor el jueves, prohíbe a cualquier persona, incluidos agentes federales, acceder sin una orden judicial a los padrones electorales o a la tecnología electoral. “Tenemos que estar preparados para todo”, declaró en una conferencia. El gobernador sostuvo que la medida responde a una “ansiedad legítima” generada por un mandatario que, a su juicio, “no cree en las elecciones libres y justas”.
La Casa Blanca respondió de inmediato. Su portavoz, Abigail Jackson, declaró a la agencia AP que Trump estaba comprometido con la integridad de los procesos electorales. “En lugar de lanzar ataques falsos contra el presidente, ‘Newscum’ (un juego de palabras que combina el apellido del gobernador con el peyorativo inglés scum, que en español significa escoria o basura) debería mirarse al espejo”.
Líderes demócratas sostienen que el presidente ha intentado intervenir en asuntos electorales después de que el FBI incautara a principios de este año boletas de las elecciones de 2020 en el condado más poblado de Georgia, de mayoría demócrata. Asimismo, el Departamento de Justicia ha solicitado acceder a materiales electorales en condados de Arizona y Michigan.
La controversia también ha llegado a California. Uno de los candidatos republicanos a la gubernatura, el sheriff Chad Bianco, atrajo la atención pública tras ordenar el decomiso de boletas en el condado de Riverside como parte de una investigación sobre presuntas irregularidades.
Estas medidas han sido interpretadas como una forma de capitalizar las narrativas promovidas por sectores republicanos que sostienen, sin mostrar evidencias, que sus rivales políticos se benefician de irregularidades para sumar votos.
La mano de intereses externos
Estas primarias también muestran cómo corporaciones, sindicatos, empresas tecnológicas, grupos externos y una inversión nunca antes vista por parte de uno de los candidatos siguen tratando de moldear el rumbo político del Estado. El candidato demócrata a la gubernatura Tom Steyer rompió un récord al gastar más de 195 millones de dólares de su propio bolsillo en anuncios publicitarios, incluyendo el pago a decenas de influencers, de acuerdo con datos recopilados por la firma AdImpact. Esa cifra superó los 178,5 millones de dólares que desembolsó en 2010 la republicana Meg Whitman, quien ni así pudo desbancar al demócrata Jerry Brown.
Otros que dejaron una marca histórica en estas primarias son corporaciones y grupos de intereses especiales que, a diferencia de los candidatos, pueden recibir donaciones ilimitadas. Estos habían reportado a finales de mayo un gasto de 79 millones de dólares, más del doble que en las elecciones generales de noviembre de 2018, cuando Newsom ganó su primer mandato, según el medio native Cal Matters.
Un comité de gasto político llamado “California Is Not For Sale” (California no está a la venta) y financiado por la asociación estatal de agentes inmobiliarios, la Cámara de Comercio de California, la empresa de energía Pacific Gasoline & Electrical y el sindicato estatal de trabajadores eléctricos, había invertido 32 millones de dólares en anuncios en contra de Steyer.
En tanto, Chevron, McDonald’s, el gigante de la diálisis DaVita, California Assets Company (una de las mayores empresas de perforación petrolera del Estado), Meta, Airbnb y varios sindicatos han aportado más de 17 millones de dólares para comprar anuncios publicitarios a favor de Becerra.
Hilton, por su parte, acumuló el mayor número de donantes de campaña en la contienda (más de 20.000) y casi una cuarta parte de ellos reside fuera de California, reportó Cal Issues. El expresentador de Fox Information experimentó un repunte en las aportaciones después de que Trump lo respaldó el 6 de abril.
A la caza de cinco curules
De cara a las elecciones de mitad de mandato, Trump instó a los republicanos en Texas a rediseñar los distritos electorales de la Cámara de Representantes con el fin de ayudar al partido a conservar el control. Posteriormente, Misuri, Carolina del Norte, Ohio, Florida, Tennessee y Luisiana también aprobaron nuevos mapas electorales. En conjunto, estas redistribuciones podrían traducirse en una ganancia de hasta 14 escaños en los comicios de noviembre.
En respuesta, Newsom y los demócratas de California impulsaron su propio rediseño a través de la Proposición 50, con el objetivo de aumentar su representación en el Congreso. Las primarias de este martes serán las primeras bajo ese nuevo mapa, que permanecerá vigente hasta las elecciones de 2030. En juego están los 52 distritos congresionales del Estado, de los cuales 43 están en manos demócratas y ocho en poder de los republicanos.
Cinco distritos (1, 3, 22, 41 y 48) fueron redibujados para incluir a más votantes demócratas en zonas de fuerte mayoría republicana. Uno de los cinco legisladores bajo fuego, Kevin Kiley, del Distrito 3, period republicano cuando ganó las elecciones anteriores, pero ahora se postula como candidato independiente.
La reorganización también ha intensificado las tensiones dentro del propio Partido Demócrata en la contienda por el distrito 22, en el Valle Central, una región de mayoría latina. Las posturas divergen entre quienes apuestan por respaldar a un candidato hispano, el profesor Randy Villegas, aprovechando el amplio voto latino del sector, y quienes prefieren apoyar a una legisladora con trayectoria en el servicio público, la doctora y asambleísta estatal Jasmeet Bains. Las diferencias se agudizaron después de que el Comité de Campaña del Congreso Demócrata (DCCC) rompió su decisión de no intervenir en las contiendas californianas e incluyera a Bains en su iniciativa De Rojo a Azul (Crimson to Blue), enfocada en ganar escaños en poder de los republicanos.
