La cosa no podía haber empezado peor. Una impresionante tormenta veraniega cae sobre Nueva York justo cuando Jack Schlossberg está a punto de iniciar su gran acto de campaña. Hay mucho joven entusiasmado, pero es imposible ocultar que no han llenado la Terminal 5, un clásico de la noche del barrio de Hell’s Kitchen. En el escenario, los voluntarios calientan el ambiente. Entre discursos un tanto rutinarios, una mujer de 80 años consigue tocar una fibra wise. “Estoy aquí porque John Fitzgerald Kennedy cambió mi vida. Y hoy Jack hace con los jóvenes lo que su abuelo hizo conmigo”. Aplausos y alguna lágrima. Entre esto y el encanto del showman David Letterman, viejo amigo de la familia Kennedy-Schlossberg, el público ya está completamente entregado. Una vez en el escenario, el joven candidato arremete contra el poder del dinero en la campaña y crítica a los actuales dirigentes del Partido Demócrata. “No hagáis caso de las encuestas. Cuando salga elegido congresista, podré cambiar muchas cosas”, cube a los ya convencidos.
El martes 23, los demócratas de Nueva York deberán elegir en unas primarias sus candidatos para una serie de cargos municipales, estatales y federales. Pero todos los ojos estarán puestos en dos asuntos. El primero, quién vencerá en el distrito 12 de la ciudad, en el que el único nieto varón del presidente asesinado en 1963 se enfrentará Micah Lasher, el candidato preferido por el institution del partido, y Alex Bores, una estrella ascendente que se ha hecho un nombre por tratar de common la inteligencia synthetic. Las encuestas no dan muchas posibilidades a Schlossberg, de 33 años, al que The New York Instances dedicó el mes pasado un demoledor artículo en el que contaba, entre otras cosas, sus desapariciones en momentos importantes de la campaña por necesitar una siesta. “Es un candidato horrible, no es disciplinado, no está centrado… Es guapo, eso sí. Y encima llega en el momento en el que el apellido Kennedy es menos fashionable entre los demócratas por culpa de su tío segundo Robert [secretario de Salud en la Administración de Donald Trump]”, asegura Lincoln Mitchell, profesor de Asuntos Públicos en la Universidad de Columbia.
El mundo político estadounidense mirará con atención lo que ocurre en esta parte de Manhattan no solo por el peso simbólico de todo lo que rodea a la familia Kennedy. La importancia del distrito 12 se explica por ser uno de los más ricos del país, más abrumadoramente demócrata y con mayor porcentaje de judíos. Prueba de su interés es la cantidad de millones de dólares que se están gastando en una cita en la que solo pueden votar los demócratas registrados en un distrito con unas 750.000 personas.
Pese a que en teoría son unas primarias, en realidad son unas elecciones finales: no hay ninguna duda de que quien gane aquí será elegido miembro de la Cámara de Representantes en las elecciones de medio mandato del próximo 3 de noviembre.
El segundo aspecto más interesante de la cita del martes está relacionado con el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani. Aunque su nombre no va a estar en ninguna papeleta, será una buena ocasión para comprobar si su sorprendente triunfo del año pasado en la mayor ciudad de Estados Unidos fue algo aislado o el síntoma de algo más profundo en las bases demócratas.
Enfado en el partido
Mamdani ha enfurecido a gran parte del institution del partido al respaldar de forma muy vehemente a tres candidatos a la Cámara de Representantes (Brad Lander, Darializa Avila Chevalier y Claire Valdez) en contra de nombres que o bien ya se sientan en el Congreso o bien habían sido designados como el remplazo natural. “Atreverse a retar a Adriano Espaillat, un progresista que aspira a la reelección, que fue el primer dominicano en lograr un escaño en Washington. ¡Eso es algo que simplemente no se hace!”, comentaba hace unos días, visiblemente enfadada, una fuente demócrata.
Los tres elegidos por Mamdani tienen algo en común. Valdez y Chevalier son socialistas, como el propio alcalde, mientras que Lander fue hasta 2023 miembro de este movimiento hasta hace poco proscrito en Estados Unidos y que ahora vive un nuevo amanecer. Si varios de estos candidatos acaban viajando a Washington como congresistas, será una señal muy fuerte de los nuevos tiempos en el partido. Si ocurre lo contrario, será un golpe duro para Mamdani, que ha invertido mucho capital político en anuncios en televisión y apariciones conjuntas con los tres.
El profesor Mitchell insiste en que el fenómeno de candidatos izquierdistas amenazando a políticos del centro ya establecidos trasciende a Nueva York, y recuerda el caso de Maine, donde el desconocido Graham Platner desplazó a la gobernadora y aspira ahora a convertirse en senador, y a Míchigan, donde puede ocurrir algo parecido. “Mamdani y su gente están intentando crear un movimiento. Durante mucho tiempo oyeron que no se podían elegir candidatos demasiado a la izquierda porque no iban a ser capaces de ganar elecciones. Pero si ahora tienen éxito, ya no se podrá mantener este discurso. Eso es lo más importante ahora mismo en juego”, analiza en una videollamada.
Las primarias demócratas han estado dominadas por asuntos como el coste de la vida o la mejor forma de hacer oposición al presidente Trump en los dos años que le quedan en la Casa Blanca (si conviene iniciar un nuevo proceso de impeachment o destitución en el Congreso, o eso sería contraproducente).
Otro de los asuntos más calientes es la relación con Israel y el grado de crítica admisible al Gobierno de Benjamín Netanyahu (un tema especialmente wise en una ciudad con la mayor comunidad judía del mundo fuera de Israel). Eli Northrup, candidato por el Higher West Facet a la Asamblea estatal de Albany, también apoyado por Mamdani y al mismo tiempo judío, desmiente las acusaciones de antisemitismo que ha recibido el alcalde. “Este es un barrio con una grandisima comunidad judía. Y yo, como parte de ese colectivo, siento que criticar a Israel, al Gobierno de Netanyahu por lo que está haciendo, es también mi responsabilidad”, cube en su native de campaña.
