Durante unos días, nuestras ciudades han mostrado una versión de unidad capaz de engalanar las calles y desplegar esa hospitalidad que nos outline para recibir la visita del papa León XIV. Hemos sido testigos de recursos ilimitados, eficacia y un orgullo colectivo insólito. Sin embargo, este oasis de gestión institucional deja al descubierto una contradicción flagrante. Resulta desalentador comprobar cómo esa misma voluntad política se evapora cuando bajamos al suelo de lo cotidiano. Qué bonito sería ver ese mismo despliegue dirigido a climatizar las aulas donde la infancia se asfixia cuando el calor aprieta, a construir más guarderías públicas o a devolver a la sanidad y a la educación la dignidad laboral que merecen. Acoger es una virtud, pero cuidar de la comunidad es una obligación democrática. Tras las comitivas, los altares se desmontan, pero las carencias permanecen. Y entre tanta plegaria, quienes nos gobiernan deberían haber examinado sus prioridades y respondernos a una pregunta: ¿qué preferimos como sociedad, la foto de portada o la dignidad de nuestros hogares?
Andrea Martínez. Madrid
Europa cierra los ojos
Qué sensación de tristeza y desilusión siento viendo cómo los valores humanos y morales se evaporan en esta Unión Europea que con tanto orgullo construimos entre todos los europeos. ¿Cómo es posible que la Comisión Europea reciba a una delegación de los talibanes con el fin de permitir que puedan ser deportados los afganos que llegaron a Europa sin papeles? ¿Son conscientes de lo que les espera a su regreso? Me avergüenza pertenecer a esta UE.
Ana Alonso Castrillo. Madrid
Sentido común elemental
Un titular que alerta sobre los bebés olvidados en los coches no debería existir. Retrata a una humanidad carente de ella equiparando a los seres más vulnerables a un objeto. Un mundo que necesita un dispositivo que le recuerde que ha olvidado a una criatura como el que deja la bolsa de la compra debería retirar el título de persona a quien comente semejante desvarío. Lo que me asombra es que se necesite una directiva europea para algo que requiere del más elemental sentido común.
Daniel García Delicado. Albacete
Una Selectividad desigual
¿Por qué se sigue manteniendo el modelo actual de acceso a la Universidad que permite que existan 17 exámenes distintos, uno por cada comunidad autónoma, y además luego se pueda elegir cualquier universidad de España, independientemente de dónde haya tenido lugar el examen? ¿Cómo es posible que los partidos catalogados de progresistas sigan permitiendo que uno de los ascensores sociales más importantes de nuestra sociedad siga manteniendo este nivel de desigualdad? La prueba de acceso al MIR se hace a través del mismo examen, el mismo día y a la misma hora, en todas las ciudades de España en las que se realiza esta prueba. Si al igual que las competencias de Educación como las de Salud están transferidas a las respectivas comunidades autónomas, ¿tan difícil es hacer el mismo examen en igualdad de oportunidades para todo el alumnado que se presente a la prueba de acceso a la universidad (PAU) como se hace para el MIR?
José Luis Esteban Rodríguez. Madrid
