Hace un año, a pesar de tener una colaboración con Dangerous Bunny en la canción Weltita, incluida en uno de los discos más populares de la década, Debí tirar más fotos, los miembros de la banda puertorriqueña Chuwi no habían renunciado a sus trabajos fuera de la música. Tenían miedo de que lo de la música no funcionara. “Todavía existe ese temor”, contaban hace unas semanas tras realizar la prueba de sonido para su primer concierto en Portugal, donde fueron después de pasar por Barcelona y antes de hacer 10 fechas en Madrid, hasta el 15 de junio, como teloneros de la gira mundial de Dangerous Bunny.
“Benito nos está costeando la oportunidad y yo no sabemoscómo más decirle gracias”, cube Lorén Aldarondo, de 25 años, que period camarera antes de atreverse a ser la voz principal del grupo que forma junto a sus dos hermanos, Wilfredo y Wester, y un amigo, el baterista Adrián López. “Nos ahorró en nuestra carrera como tres años de trabajo fuerte, que a lo mejor iba a funcionar… o a lo mejor no”, sentencia.
Los hermanos Lorén, Wilfredo y Wester, que estudiaron Química, Matemáticas e Informática respectivamente, empezaron a cantar y a tocar en su natal Isabela, en Puerto Rico, a unos 100 kilómetros de San Juan, la capital. Su padre tocaba la guitarra en la iglesia y allí crecieron rodeados de música. Sus primeros conciertos como banda llegaron en 2021, y pronto empezaron a coger tracción en la isla, con letras cargadas de protesta social: “Yo pienso que somos bastante compatibles con la gira de Benito porque nos permite exponer a Puerto Rico, mostrarle a cada país de qué se está hablando allí ahora”.
Sus textos hablan de desigualdad y del trato de segunda clase que reciben por parte de Estados Unidos: “El amor de mi vida se fue pa’ Nueva York / mi mama siguió a mi tía pa’ Florida se mudó / empacando la maleta, ahora a mí me tocó / el avión aterrizó, nadie aplaudió”, cube su canción Tierra. “Tenemos esta mezcla de dos mundos en donde el Gobierno de Estados Unidos te puede ayudar a cumplir tus estudios, pero no se ha fomentado la diversidad de oportunidad de trabajo en Puerto Rico, así que no todo el mundo puede quedarse en la isla a trabajar. Y esa ayuda es en parte una deuda. El dilema es este: trabajo en algo en la isla para lo que no estudié, o decido mudarme a un lugar extraño y trabajar en lo que me he formado”, cube Lorén sobre la realidad laboral después de acabar la carrera de Química: “Uno quisiera estudiar en Puerto Rico y quedarse, porque ahí está la comunidad que uno ha construido. Los que se van no es porque quieran, es porque lo necesitan”. Así es como una química acaba siendo camarera.
Lorén es la más extrovertida de los cuatro, con una sonrisa muy parecida a la que exhibe su hermano Wester, de 23 años, cuando recuerda cómo fue la primera sesión de grabación con Benito Antonio Martínez Ocasio, el nombre actual de Dangerous Bunny: “Cuando empezamos a colaborar con la canción Weltita, literalmente la primera vez que nos reunimos, tuvimos una sesión como de seis horas y no hicimos nada de música. Estuvimos tirando chistes, hablando de política, de nuestras influencias culturales, musicales… Y yo creo que esa misma energía se mantuvo alrededor de toda la gira”. Al parecer, Benito tenía un par de temas de Chuwi en su lista de canciones private cuando estaba viviendo en Los Ángeles (entre 2022 y 2023) porque le recordaban al sonido de Puerto Rico. Y fue él quien los contactó para participar en su sexto disco de estudio, Debí tirar más fotos (2025). “La colaboración ya fue una oportunidad grandísima. Él nunca ha tenido telonero en sus conciertos, ni lo necesita”, apunta Wilfredo, el mayor de la banda, de 29 años. “No nos esperábamos que nos invitara a abrirle la gira, así que fue como: vamos a seguir. Ahí, en ese momento, renunciamos a los otros trabajos que no tienen que ver con la música, tú sabes”, señala.
Ahora se les nota el cansancio de un tour al que todavía le quedan un par de meses por Europa. Porque no solo están haciendo conciertos varias noches por semana, sino que también trabajan en componer nuevas canciones y lanzar sencillos. Además, sacan tiempo para sus propios conciertos: ayer mismo actuaron en el madrileño Teatro Magno. Adrián, de 24 años (el único del grupo que no es hermano, que ha estudiado música y que ha estado en otras bandas) cube que la profesionalidad de Dangerous Bunny se contagia: “Tú ves ese hambre en todo el mundo que está trabajando en esta gira. Y es tan satisfactorio saber que todos están en esa ola de querer hacerlo bien, de simplemente ser un equipo, que al remaining del día todos hicimos nuestro trabajo y salió como tenía que salir. No es cosa de ego, no es cosa de ‘yo soy más o menos que tú’. Todos estamos aquí para hacer un trabajo. Tenemos nuestra función. Y se siente genial”.
O sea, sienten la incertidumbre sobre su futuro musical, pero a la vez tienen ganas de que termine la gira para ver qué pueden hacer como banda cuando ya no estén bajo el ala del artista más grande del mundo. “Hay emoción”, cube Lorén, “y no porque esta experiencia sea excepcional, pero estamos emocionados por ver los resultados reales”. Y de volver a casa, a Isabela, para no desconectarse de su principal fuente de inspiración. Cube Wester: “Aquí a veces hasta uno tiene que meditar. O no meditar, pero centrarse. Pensar: ‘Espérate, ¿quién yo soy?’. Okay: Isabela, Puerto Rico, me acuerdo de la casa en mi mente y okay, vamos a hacer esta canción”. Con las raíces claras, ya pueden salir al escenario.
