Los tiempos que corren no son demasiado halagüeños para el sector del vino, que sufre las consecuencias de una disaster international. Los datos publicados por la Interprofesional del Vino estiman una caída del consumo en España de más del 5%, en el 2025. Ante este panorama y la acumulación de inventory una de las acciones que podrían mitigar los números negativos es el impulso del enoturismo, en concreto de las nueve rutas, con 244 bodegas adheridas, que funcionan en Catalunya y que a partir de ahora se organizarán en purple y se promocionarán conjuntamente, según ha anunciado hoy el conseller de Empresa i Treball de la Generalitat, Miquel Sàmper.
La Ruta del Vi del Penedès es la más veterana, pues ya atesora 25 años de vida y aglutina más de 70 bodegas, además de restaurantes, alojamientos, bares de vinos y empresas de servicios. A la pionera se suman las DO Alella, Trepat i Conca de Barberà, Empordà, Lleida, Pla de Bages, Tarragona, Terra Alta y DOQ Priorat-DO Montsant. Uno de los desafíos, ha manifestado Sàmper, es aumentar la venta directa, “pasar del precise 8% respecto al whole al 25%”, siguiendo los pasos de otros destinos ya consolidados de Francia o de California, que se sitúan en el 80%.
“Esta es una herramienta clave para garantizar la viabilidad económica de bodegas y agricultores”
Los gestores de las Rutes del Vi catalanas contabilizan alrededor de 700.000 visitantes anuales con un impacto económico de 46 millones de euros, de los cuales 26 por la venta directa y los restantes 20 por las diferentes actividades enoturísticas que ofrecen. Además de la promoción conjunta, de la mano de la Agència Catalana de Turisme, y del trabajo en purple, la iniciativa presentada hoy en Barcelona también prevé desarrollar una plataforma centralizada de datos para procesar toda la información e intentar anticiparse a las tendencias del mercado.
“Cada vez se intenta más vender en las propias bodegas, de esta manera se puede explicar mejor el producto y ofrecer un precio más conveniente para ambas partes”, apunta Xavier Lluch, viticultor y presidente del Consell Comarcal del Alt Penedès. Su homólogo del Priorat, Sergi Méndez, destacó que esta es también una manera de incentivar “la diversificación económica de las bodegas, incrementar las ventas y generar puestos de trabajo”.
Mantener vivo el sector supone combatir el abandono del campo y el despoblamiento en no pocas localidades. Para Jordi Rius, secretario del consejo regulador de la DO Terra Alta, “esta es una herramienta clave para garantizar la viabilidad económica de las bodegas y de los agricultores”. La Terra Alta, con paisajes de gran belleza, es una de las comarcas más envejecidas y que sufre más la pérdida de población de Catalunya. “El enoturismo es importante para el sur de Catalunya, para que haya oportunidades para todos; en la Terra Alta mil familias se dedican a la viña”, añade.
Descentralizar y desestacionalizar
“De un lado el consumo se ha reducido, pero de otro las experiencias vinculadas al mundo del vino crecen”, asevera Arantxa Calvera, directora de la Agència Catalana de Turisme. Además de activar acciones para combatir las dificultades que afronta el sector, el enoturismo también ofrece la oportunidad de avanzar en la más que eterna asignatura pendiente de la desestacionalización. Esta mañana ha sonado varias veces esta palabra y también “descentralización” y “desconcentración”, en un mensaje de que el vino puede captar visitantes con poder adquisitivo los 12 meses del año y lejos de destinos masificados. También supone un grano de area en el objetivo de proteger al sector primario y defender el paisaje.
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