Las protestas que comenzaron en La Paz a principios de mayo se han extendido con el paso de las semanas a gran parte de Bolivia y han puesto contra las cuerdas al presidente del país andino, Rodrigo Paz. El mandatario, de centroderecha, busca una salida contrarreloj a la mayor disaster política de su mandato, iniciado hace poco más de seis meses. Las próximas horas serán claves para saber si Paz logra abrir una vía de diálogo con los manifestantes, un grupo heterogéneo formado por sindicalistas, maestros, transportistas, mineros, campesinos e indígenas que en su mayoría apostaron por él en las urnas y se sienten traicionados. Este viernes, la Fiscalía dejó sin efecto la orden de aprehensión contra dos de los principales referentes de las protestas, una de las condiciones exigidas por los manifestantes para sentarse a negociar.
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