Manuel Diosleguarde es un torero salmantino que tomó la alternativa el 23 de julio de 2022 y un mes después sufrió una tremenda cornada de 25 centímetros en el muslo derecho que no lo mató de milagro. Reapareció ocho meses más tarde, y desde entonces ha estado llamando a la empresa de Madrid para su confirmación.
Ha tardado tres años en que le dieran el sí, y hoy, 16 de mayo de 2026, ha hecho el paseíllo en un cara o cruz que period un ser o no ser definitivo. Hoy, Diosleguarde se jugaba la vida ante el toro y ante sí mismo. Si hoy no pasa nada, el nombre del torero hubiera quedado borrado para siempre de las agendas de los empresarios.
Qué merito la de estos hombres que se visten de luces y se lo juegan todo a una carta, la vida, la vocación, los sueños… Qué suerte hay que tener, además, para que este día, a la hora precisa, estés lo suficientemente lúcido para no decepcionarte a ti mismo; y qué milagro que un toro, ajeno a tu problema, empatice contigo.
Manuel Diosleguarde llegó a Las Ventas convencido de que sí o sí, hoy tenía que cambiar su vida, y lo ha demostrado sobre el ruedo con una entrega desmedida, con ganas de ser torero, con valor, arrestos, con arrojo, con clase y con mando. A veces, han aflorado los nervios, lógico por otra parte, pero ha dicho para todo el que quisiera oírlo que atesora buenas maneras, que tiene gusto, que quiere torear con hondura…
Cuatro verónicas de categoría fueron su carta de presentación al recibir al toro de su confirmación. Se le vio acelerado en el tercio closing ante un toro de desordenada embestida y siempre con la cara alta, pero dejó constancia de su gallardía.
Cuando salió el sexto ya se había lucido en sendos quites en los toros de Lorenzo por tafalleras el primero, y ceñidas chicuelinas el segundo; pero cuando salió el sexto había dejado los nervios en el callejón y lo recibió con capotazos templados, tomó la muleta, asentó las zapatillas, desafió a su descastado oponente y se ganó el respeto y la admiración de los tendidos con una actitud valerosa, aguantando coladas y tarascadas, y trazando, unos mejor que otros, muletazos de mucha enjundia.
Así hay que venir a Madrid para volver a llamar al despacho de la empresa o para que los señores Garrido y Casas llamen a un torero y le anuncien una repetición. Diosleguarde no remató la faena, pinchó, escuchó un aviso y necesitó tres golpes de descabello. Nadie es perfecto, pero sobre el ruedo de Las Ventas quedó la entrega de quien merece otras oportunidades.
Este no fue el caso de Álvaro Lorenzo, también necesitado de un triunfo para atisbar el horizonte profesional con esperanza. No lo fue porque prefirió no salir de su zona de confort, triste, anodino, sin aparentes ganas, tan soso como los toros que le tocaron en suerte. No se le vio con el capote, y, muleta en mano, se empecinó en dar muletazos que solo trasladaban aburrimiento a los tendidos. Así no se debe venir a Madrid.
Las circunstancias de El Cid son completamente distintas. Está de retirada, sin duda, y lo que vino a decir es que la izquierda, la suya, ya no es la de antes. El Cid de ahora es un torero inseguro, que torea despegado y de forma mecánica, que no parece sentir lo que hace, que transmite hastío o incapacidad. Tampoco tuvo toros para el lucimiento, pero sí para estar mejor de lo que estuvo; porque no estuvo bien. Lo que está claro es que El Cid es un torero querido en Madrid, porque ha merecido una bronca y se le ha despedido con un respetuoso silencio.
La Quinta/El Cid, Lorenzo, Diosleguarde
Toros de La Quinta, -el segundo, devuelto por invalidez- bien presentados y astifinos, mansos, muy descastados y nobles. Sobrero de José Manuel Sánchez, bien presentado, manso y soso.
El Cid: bajonazo y cuatro descabellos (silencio); cuatro pinchazos y media caída (silencio).
Álvaro Lorenzo: casi entera tendida y desprendida (silencio); estocada atravesada (silencio).
Manuel Diosleguarde, que confirmó la alternativa: pinchazo y estocada tendida (ovación); media estocada _aviso_ y tres descabellos (ovación).
Plaza de toros de Las Ventas. 16 de mayo. Octavo festejo de la Feria de San Isidro. Se guardó un minuto de silencio en recuerdo de Joselito El Gallo, muerto hace 106 años en la plaza de Talavera de la Reina. Lleno de ‘no hay billetes’ (22.964 espectadores, según la empresa).
