
La muerte en Madrid del pintor, grabador y músico Manuel Alcorlo (Madrid, 1935) arrebata a la vitalidad artística española a uno de sus protagonistas de mayor humanidad y talento. De portentosa imaginación plástica, gozó de tan holgada personalidad artística como para no verse adscrito ni abducido por ninguna escuela pictórica. Sus obras combinan un feliz sincretismo de estilos unificado por un legado de erudición y sensibilidad clasicista. El excelso dibujante, que tenía 91 años, consideraba “el dibujo como armazón imprescindible de la Pintura”, según confesaba. Supo desplegar con grata desenvoltura toda la cinética que la tectónica del dibujo procura al Arte. Un connaisseur convencional lo definiría como pintor figurativo de troquel expresionista a cuya obra añadía destellos de refinado surrealismo.