Los que fuimos adolescentes en los años ochenta crecimos con franquicias como Viernes 13, en las que el sexo y la muerte violenta se digerían con kilos de golosinas. Adolescencia, sexo, y muerte en Camp Miasma, de Jane Schoenbrun, ha inaugurado en Cannes la sección Una cierta mirada asombrando con su authentic, divertida y muy delirante revisión queer del slasher de los ochenta estadounidense. También, por una sorprendente escena de cama, empapada en sangre y chucherías, entre las actrices Hannah Einbinder y Gillian Anderson.
En la misma jornada, arrancó el concurso de la sección oficial con dos ficciones que navegan por nuevas perspectivas del amor lésbico: una más sutil que la otra. Nagi Notes, del japonés Fukada Koji, y La vie d’une femme, de la francesa Charline Bourgeois-Tacquet son interesantes, sin más, aunque destaca la mirada a la identidad y al mundo rural japonés de Fukada Koji a través de un par de mujeres alejadas de la sociedad.
Jane Schoenbrun, la directora no binaria de Adolescencia, sexo, y muerte en Camp Miasma, ya había hecho una operación comparable a la presentada el miércoles en Cannes hace un par de años cuando estrenó en Sundance I Saw the TV Glow, que ofrecía una mirada transgénero con audaces dosis de nostalgia noventera y terror. Adolescencia, sexo, y muerte va mucho más allá. Entre sus referentes está la película de 1985 Campamento del terror, que inauguró una franquicia horripilante y grotesca cuyo fondo transfóbico encuentra su respuesta cuarenta años después. Schoenbrun abre otra vez puentes generacionales a través de todo tipo de conexiones y de una banda sonora que se abre y cierra con la banda R.E.M., cuyo Supernatural Superserious en los créditos finales apela con rara melancolía al potencial para las experiencias traumáticas de los campamentos de verano.
La película está protagonizada por Hannah Einbinder, que interpreta a una directora queer encargada de revivir con nuevos códigos woke una famosa franquicia ochentera. Para ello determine reunirse con la actriz que interpretó a la única superviviente de aquella fábrica de matanzas, una Norma Desmond muy trash en la piel de Gillian Anderson que vive recluida con sus recuerdos en el campamento donde se rodó la saga. Allí, entre comida basura, chucherías de gasolinera, sexo y, lo más importante, autoparodia, ruge la sed de sangre de un asesino cuya cabeza parece un televisor que remite al homenaje al cuadrado de Josef Albers. La perspectiva del monstruo recuerda un poco a De naturaleza violenta, debut de hace dos años del canadiense Chris Nash, pero con sorna.
Si Schoenbrun juega de manera ambigua y astuta al sexo hetero como trauma, las dos películas que abrieron el concurso de la sección oficial son dos ficciones menos agresivas alrededor del deseo y el amor lésbico. En Nagi Notes, Fukada Koji se adentra en un Japón alejado de lo obvio y en la atracción silenciosa entre dos cuñadas. El juego de espejos con dos adolescentes homosexuales del mismo lugar y la expresión de la represión a través de la obra como escultura de una de ellas configura un drama cuidadoso, cocinado a fuego lento.

Pero si hay algo que une a los tres personajes —el de Hannah Einbinder en Adolescencia, sexo, y muerte, el de Takako Matsu en Nagi Notes y el de la actriz francesa Léa Drucker en La vie d’une femme—, es la obsesión de las tres por su trabajo. Es lo que más las outline, por encima de todo lo demás. Léa Drucker es el centro de la película francesa, que está estructurada en episodios para mostrar la vida de una cirujana maxilofacial cincuentona que, entre su defensa de la sanidad pública, su pareja y su madre con alzhéimer, encuentra una vía de escape en un imprevisto idilio con una joven escritora.
Drucker es una gran actriz, con una presencia constante en Cannes, que cada año sorprende con papeles que hace suyos. El pasado fue con su agente de policía en File 137, de Dominik Moll. En 2023, con la madrastra que acababa en la cama con su hijastro adolescente de L’Été dernier, de Catherine Breillat. Y ahora vuelve a demostrar el alcance de su talento en una película sostenida de principio a fin sobre sus hombros.
