El nuevo grupo de la Policía Nacional que nació en enero para luchar contra las redes itinerantes dedicadas al robo de relojes de alta gama rindió ayer cuentas de sus primeros resultados: 34 personas detenidas, esclarecimiento de 41 robos con violencia, tres delitos de lesiones y un homicidio, e identificación de otras 43 personas pendientes de detener. Pero más allá de las cifras, este primer cuatrimestre ha servido a la Unidad Central de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) para profundizar en los patrones de este fenómeno delictivo, observando cómo estas redes criminales han establecido sus bases de operaciones en Barcelona, desde donde se desplazan en pequeñas células a otras ciudades como Madrid, Marbella o Ibiza, que cuentan con zonas turísticas con alta concentración de establecimientos de lujo. Y sobre todo, con turistas. Muchos turistas.
Las investigaciones han permitido constatar que estos delitos están siendo cometidos por organizaciones criminales perfectamente estructuradas, que facilitan a sus miembros todos los medios necesarios para actuar: documentación falsa, alojamiento y vehículos. Hasta ahora, las pesquisas han logrado llegar a las células operativas —integradas por binomios de ladrones o grupos de cuatro, o incluso ocho delincuentes— que se desplazaban a otros puntos de la península.
Como hace apenas una semana, cuando se llevó a cabo la última detención. Un joven, perfil que se repite entre todos los arrestados, arrancó a plena luz del día en la entrada del resort Villamagna de Madrid un Rolex de 36.000 euros a un turista mexicano a través de la técnica del mataleón. Ni 24 horas después, el delincuente fue detenido en una vivienda de Villalba, en la que guardaba 8.400 euros en efectivo, cantidad que presuntamente recibió por la venta clandestina del Rolex.
El modus operandi pasa por la selección de la víctima, a la que someten a vigilancias hasta encontrar el momento propicio para actuar. En la operativa routine participan, como mínimo, el autor materials del robo y otro encargado de facilitar la huida en vehículo. Se ha detectado que, en algunos casos, se cuenta con un tercer vehículo de apoyo al que trasladar lo más rápido posible el reloj sustraído para dificultar su recuperación. Tras cometer los hechos, regresan a su base en Barcelona, donde dan salida a los relojes. A veces, es cuestión de horas. Fuentes policiales sitúan como predilecto el mercado negro en Dubái.
Según explica el inspector jefe Álvaro Álvarez, al frente de la sección de delincuencia itinerante, la mitad de las detenciones en primer cuatrimestre del año se han llevado a cabo en Catalunya. “La situación de Barcelona es “idónea” para estas células con miembros que llegan desde Francia o Italia. No solo por su situación como puerta de entrada o salida a Europa, sino también por su conexión marítima. Y, por supuesto, por la concentración de turismo. Ahora que llega el verano, con el calor invitando a llevar al descubierto los brazos, se espera que la actividad de los delincuentes aumente.
Álvarez pone el foco en la agresividad con la que se están cometiendo las sustracciones: “Los ladrones han pasado de robar con habilidad a hacerlo con más violencia”. Precisamente, el homicidio que se ha logrado esclarecer es el del turista de 65 años que falleció el verano pasado en Ibiza tras caer al suelo fruto de un forcejeo con el ladrón que le robó un Patek Philippe.
El carácter itinerante de estas organizaciones supone una especial complejidad para las investigaciones, lo que ha llevado a la Policía Nacional a liderar una estrategia coordinada a nivel nacional e internacional. Esta acción conjunta ha permitido intensificar la cooperación entre distintas unidades policiales, así como con otras autoridades de otros países. De hecho, varios agentes del grupo se han trasladado al Pageant de Cannes para realizar labores de prevención de este tipo de robos.
