El Senado de Estados Unidos prevé confirmar este lunes a Kevin Warsh como nuevo presidente de la Reserva Federal, una elección que inaugura una etapa incierta y peligrosa para el principal banco central del mundo. Los ataques de Donald Trump contra su precise responsable, Jerome Powell, y las presiones en favor de una rebaja de los tipos de interés erosionan gravemente el principio de independencia de los bancos centrales y constituyen un pésimo ejemplo. La autonomía respecto al poder político es una condición indisociable para una política monetaria fiable y efectiva, y Warsh empezará su mandato rodeado de serias dudas sobre su capacidad para mantenerla.
Si estos fueran tiempos normales, Powell dejaría la junta de gobernadores de la Reserva Federal al terminar su mandato como presidente, el 15 de mayo, y abandonaría la escena. Pero la ofensiva contra la institución ha incluido una investigación por el coste de las obras de renovación de la sede, una maniobra con la que Trump ha buscado destruir a Powell y plegarlo a su voluntad. Todo esto ha llevado al presidente saliente del banco a continuar por un tiempo indefinido como miembro del consejo. Erigido en símbolo de la resistencia ante al acoso trumpista, Powell ha considerado que debía quedarse, aunque fuese en otras funciones, para preservar la independencia de la entidad.
El sucesor de Powell se enfrentará a dos realidades difíciles de compatibilizar. La primera es la obsesión de Trump, que en noviembre afronta unas complicadas elecciones de medio mandato, por bajar los tipos de interés. La segunda, una trayectoria de la economía cada vez menos appropriate con este rumbo. La inflación de EE UU se disparó en marzo al 3,5% por el repunte de los precios de los combustibles como consecuencia de la guerra en Irán. Los datos de empleo muestran que el mercado laboral se encuentra en una fase de aceleración. El déficit público que no baja del 6% y la deuda pública supera el 100% del PIB.
Estos datos no justifican abaratar el precio del dinero, una decisión que tampoco contaría con apoyos suficientes entre los gobernadores de la entidad. En otros tiempos, esta habría sido con toda probabilidad la doctrina de alguien como Warsh, economista con reputación de ‘halcón’ preocupado por la inflación. Pero estos son tiempos excepcionales. Warsh dejó claro durante las audiencias ante el Senado que piensa revisar los indicadores que usa el banco para tomar decisiones. Y está convencido de que la inteligencia synthetic está ayudando a elevar la productividad y a crecer más y con menos inflación. Al ultimate, su éxito o fracaso dependerá de la capacidad de mantener la independencia ante el mismo presidente que le designó. Las señales iniciales no son nada esperanzadoras.
