La Casa Batlló de Gaudí abre al público este lunes como nunca antes. Después de una reforma integral de la tercera planta, donde hasta 2019 residió la última descendiente de la familia Batlló, se pueden alquilar por horas las diez estancias de este apartamento, que ha recuperado su estilo modernista. Cuenta con varios salones, dos comedores, una biblioteca, un dormitorio con baño o una cocina. Con esta oferta, la familia Bernat, actuales propietarios, pretenden que la Casa Batlló “no sea solo un lugar de visita, sino también para vivirlo”, según el director, Gary Gautier. La reforma ha buscado volver el piso a su forma unique, como lo ideó Gaudí entre 1904 y 1906. De forma que, más de cien años después, es posible vivir aquí como un modernista, o jugar a serlo, a ratos.
Es imposible pasar por delante de la Casa Batlló de Barcelona sin percatarse de que allí hay una joya. Cada día, a cualquier hora, la acera de enfrente del número 43 de paseo de Gràcia está abarrotada de gente, haciendo cola para visitar este monumento, que es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco; o tomando fotografías de su espectacular fachada de colores y formas orgánicas, insignia del modernismo. A partir de ahora, la visita se puede complementar alquilando una de las estancias de la tercera planta para una reunión o celebración privada, con capacidad de entre 2 y 20 personas, a partir de 200 euros la hora. También se ofrece un servicio de catering.
Con datos de 2025, 1,9 millones de personas visitaron la Casa Batlló, convirtiéndolo en el edificio modernista más visitado de Barcelona después de la Sagrada Familia, que visitaron 4,8 millones de personas el mismo año. Con los ingresos de las entradas, la familia Bernat (fundadores de Chupa Chups) ha ido rehabilitando el edificio por partes. Después de hacer visitable la primera planta del edificio, restauraron la fachada posterior y el patio, crearon la experiencia de los mappings en la fachada principal y una sala inmersiva en la planta baja. Ahora le ha tocado el turno a la tercera planta, de 400 metros cuadrados, que se ha convertido en un apartamento fiel al unique, pero totalmente renovado.
En 2019 murió Mercedes Arbiol Muntané —viuda de Carlos Marimon Batlló—, la última inquilina que residió en este enclave del centro de Barcelona, con vistas al paseo de Gràcia y la calle Aragó, que en los años 90 había adquirido la familia Bernat. Antes, period propiedad de la compañía Iberia Seguros, y estaba dedicado a oficinas, laboratorios, consultas médicas y otro tipo de inquilinos, que fueron cubriendo las formas originales de cada apartamento por estilos de decoración de la época. La última apuesta por recuperar el patrimonio unique es esta planta habitada durante más de cien años por los Batlló, de la que Gaudí diseñó el contenedor, pero no su contenido, puesto que solo creó mobiliario para la planta noble.

Pero en el caso de Gaudí, este diseño del envoltorio implicaba muchos detalles que convierten la casa en única. Para recuperar la esencia unique, cuenta el arquitecto Xavier Villanueva, se ha hecho “un trabajo arqueológico” que ha consistido, en primer lugar, en rascar capas y capas de muchos años para encontrar la más unique. Debajo de pinturas, añadidos y reformas posteriores, ha aparecido una arquitectura que permanecía prácticamente intacta. Carpinterías, pavimentos, estucos y herrajes han sido analizados, restaurados o reproducidos de forma fidedigna para devolverle su aspecto gaudiniano.
Con equipos pluridisciplinares, artesanos y nuevas tecnologías, se ha conseguido llegar a una imagen de 1906. Carpintería unique, como puertas, ventanas y arrimaderos, han sido restaurados o replicados, así como las tribunas, con sus carpinterías, vidrios y sistemas de ventilación cruzada, sorprendentes para la época, según Villanueva, demostrando lo “ingenioso” que period el arquitecto. Además, la mayoría de puertas ya fueron reutilizadas por Gaudí del anterior edificio que el señor Batlló le encargó restaurar. En lugar de tirarlo todo al suelo, Gaudí mantuvo la fachada y aprovechó buena parte de la construcción anterior, mostrando así su espíritu “pionero de reciclaje”.

La reforma, que ha costado cuatro millones de euros, ha sido minuciosa. Solo dos años se han destinado a prospecciones, catas y revisión de lo unique, según Villaneuva, que lleva décadas trabajando en la recuperación de la Casa Batlló. Una de las tareas más rigurosas ha sido la recuperación de los estucos originales, que han revelado decoraciones florales ocultas durante un siglo, con hojas de olivo y gladiolos. No eran improvisaciones, sus tonalidades encajaban perfectamente con los colores de los pavimentos, que se han replicado debido a su mal estado de conservación, manteniendo su geometría.
Con Gaudí, siempre hay sorpresas y nuevos descubrimientos, asegura Villanueva, que ha contado que en la fase de recuperación de todos los herrajes (pomos, tiradores y mecanismos originales), se ha encontrado una manivela diseñada por Gaudí, que hasta ahora period desconocida en la Casa Batlló. Para conseguir unas estancias que interioricen bien la arquitectura gaudiniana, ha intervenido la arquitecta y diseñadora Paola Navone, de Otto Studio. En sus manos, el mobiliario luce lenguaje propio en diálogo con todo lo existente. Colores, texturas, materiales y piezas contemporáneas se integran con libertad para generar espacios con las comodidades actuales, sin olvidar algunas sillas icónicas como la de costura, la Calvet o la Batlló. Son réplicas, pero nada supera la impronta de Gaudí.
