La Cursa El Corte Inglés es la fiesta mayor del operating , esa en la que tu primo adolescente se estrena por primera vez con las zapatillas para hacer marca y tu cuñada sale a caminar rápido con las amigas sin mirar al reloj. Un plan de domingo por la mañana para todo el mundo, transversal y gratuito, como las verbenas de fiesta mayor en las que el primo y la cuñada bailan desacompasados pero disfrutan como nunca.
El creciente interés por salir a correr ha llevado a la carrera well-liked por antonomasia de la capital catalana a recuperar las grandes cifras de participación de los viejos tiempos, con 50.000 personas trotando desde Maria Cristina hasta plaza Catalunya. Fueron 10.000 más que el año pasado. Se tuvieron que ampliar los dorsales previstos y si los organizadores hubiesen querido una cifra más alta, lo habrían conseguido.
Es algo que solo puede permitirse esta carrera con tanta historia y que ostenta el récord Guiness de 109.457 participantes en 1994. Lo que pasa es que en 32 años han cambiado muchas cosas. Para empezar, el propio hecho de correr, al que ahora la gente se refiere como operating en lugar del footing que se decía por aquel entonces. También el trazado, que desde hace unos años conecta los dos grandes centros de El Corte Inglés en Barcelona en un recorrido de 10 kilómetros muy llano, sin la subida al estadio de Montjuïc, tan emblemática como dura.
Luego están las cuestiones logísticas que antes eran más simples y ahora obligan a una mayor planificación. Quedan lejos aquellas salidas masivas en una plaza Catalunya en la que no cabía un alfiler y donde el corredor profesional compartía espacio con la familia que iba a pasar la mañana caminando. Ahora cada uno tiene su espacio, con cajones de salida en función del ritmo.
Primero, los de élite, a las nueve en punto. De hecho, cuando alcanzó la meta Pol Espinosa, el ganador en categoría masculina con un tiempo de 29 minutos y 44 segundos, los del tercer cajón, que se disponían a completar la carrera en menos de una hora, aún estaban esperando el pistoletazo de salida en Maria Cristina. Y cuando estos llegaron a plaza Catalunya, ya a un ritmo mucho más asumible, a eso de las diez y media, los últimos de la fila en la Diagonal aún no habían empezado a moverse.

Es la única manera de gestionar todo ese gentío, por más que le pese a los vecinos del Eixample siempre dispuestos a quejarse de que no pueden cruzar una calle durante un par de horas. Resignados, mirando desde la acera, seguramente también period bien seen el cambio del perfil del corredor. Hay muchas más mujeres y tanto ellos como ellas presentan unos outfits muy cuidados.
Nada de ponerse unos viejos pantalones de básquet y una camiseta que podría servir de pijama. Ahora, atuendos especialmente escogidos para lucir también en la foto que colgarán en Instagram. La camiseta de aquella carrera que fue especial, la del membership de operating del que se forma parte… la marea es multicolor, con presencia también de las camisetas solidarias de la propia carrera, este año a favor de la fundación Cruyff.
Al llegar a meta, insaciables y con el subidón que comportan siempre los metros finales, los participantes comentan posibles fechas en las que volver a reencontrarse. Por dar dos sugerencias y salirse de las clásicas de Barcelona sin ir muy lejos. El próximo sábado, la Nocturna de l’Hospitalet de Llobregat, que tiene como aliciente una fideuá al llegar a meta. Y el mes que viene, en El Prat, donde se encuentra la fábrica de Damm, la empresa cervecera ha organizado una carrera especial para celebrar sus 150 años de historia. También de noche, con botifarrada y concierto sorpresa. Y cerveza, claro, que igual que unos corren para lucir marca en Strava, otros simplemente lo hacen por las cañas de después con los amigos.

