
La actividad económica de México inició el año con el pie izquierdo. La caída de 0,8% del Producto Interno Bruto (PIB) en el primer trimestre de 2026 revela la debilidad en varios frentes. En la antesala de la revisión del acuerdo del TMEC, en julio próximo, todas las actividades productivas se contrajeron en un entorno de incertidumbre comercial y un menor dinamismo interno. Frente a estos desafíos, el Gobierno de Claudia Sheinbaum ha cambiado de estrategia y ha puesto en marcha un plan para facilitar la inyección de capital, que abarca desde pactos de precios con la iniciativa privada para contener la inflación hasta la firma de decretos para agilizar permisos y la fiscalización tributaria. Desde la trinchera empresarial celebran la estrategia; sin embargo, aún persisten dudas sobre su alcance en el terreno. Más allá de las firmas de memorándums, los discursos y las fotografías, la incertidumbre jurídica derivada de la reforma judicial, la persistente inseguridad en distintos puntos del país y la falta de certezas sobre las medidas arancelarias de EE UU y la integración comercial de Norteamérica alimentan la cautela del empresariado.