El gobierno del alcalde Jaume Collboni está ultimando un plan para en los próximos años levantar nuevos monumentos en más de 40 lugares bien distribuidos por los diez distritos de Barcelona. El Consell d’Artwork Públic, un ente formado por los museos de la ciudad, el Institut Municipal de Cultura (ICUB) y la arquitecta jefa Maria Bohigas, está desarrollando este plan. Tal y como explicaron este viernes el propio alcalde Collboni y el concejal de Cultura, Xavier Marcè, el Ayuntamiento pretende de esta manera hacer de la urbe una suerte de museo al aire libre donde el arte forme parte de la vida cotidiana de la ciudadanía y mitigue la vorágine que tanto padece yendo y viniendo.
Las primeras muestras de esta iniciativa municipal rendirán homenaje al urbanista Ildefons Cerdà en la plaza Universitat y a los artistas Montserrat Caballé y Freddi Mercury al alimón en la remozada plaza de las Glòries. Los emprendedores de la ciudad también contarán muy pronto de un modo más genérico con un reconocimiento público impulsado por la patronal Pimec en algún punto aún por concretar del distrito tecnológico del 22@. Estas obras serán elaboradas por tres artistas con una trayectoria profesional ya consolidada. El Ayuntamiento los eligirá a través de una convocatoria muy restringida. No podrá participar cualquiera.
Algunas de estas decisiones ya arrastran unas cuantas polémicas vecinales y políticas. Unas cuantas entidades de los barrios que confluyen en la remozada plaza de las Glòries manifestaron en un montón de ocasiones que no querían acoger ningún monumento de la soprano. No se trata de una mera cuestión de decoración de exteriores. A pesar de que mucha gente la recuerda, sobre todo, como una artista excepcional, las asociaciones de el Clot, Poblenou, Fort Pienc y Sagrada Família sí que le recriminan sus problemas con Hacienda. Estos vecinos insistieron en que preferían que en sus calles se levantara un monumento en honor a Cerdà. Pero la verdad es que la admiración por este urbanista es tan common que prácticamente todo el mundo en esta ciudad querría tenerlo cerca de casa. A Cerdà aún le salen novias por todas partes. Y en el Ayuntamiento entienden que este reconocimiento ha de tener lugar en el distrito del Eixample.
Esta plan municipal también contará con una segunda convocatoria para la adjudicación de otras tres piezas que también deberán estar listas en el 2027. En este caso, la iniciativa estará dirigida a artistas locales y emergentes. El Consistorio elaborará este concurso en colaboración con las escuelas de arte de la ciudad. Si bien darán mucha libertad a los autores en cuanto a las temáticas, técnicas y lenguajes artísticos empleados, los ganadores sí que tendrán que adaptarse a las ubicaciones designadas por el Consell d’Artwork Públic. Estas dos convocatorias sumarán un presupuesto de un millón y medio de euros. Entre tanto, este ente terminará de señalar los otros 40 puntos de Barcelona donde el Ayuntamiento levantará otros nuevos monumentos durante los próximos años, ya en el siguiente mandato.
Decía el politólogo Max Weber que el Estado no es otra cosa que el monopolio del uso de la violencia legítima. Y el otro gran privilegio de la Administración es decidir qué se pone y qué se quita en el espacio público. Los nombres de las calles de la ciudad y de las plazas y las estatuas que en ellas se levantan siempre nos muestran quién manda en cada momento. Esto ocurre de toda la vida en todas partes. Así, de un tiempo a esta parte, en el nomenclátor de Barcelona unas cuantas santas fueron sustituidas por mujeres no beatificadas.
Y no es ninguna casualidad que el proyecto más avanzado de este plan municipal a fin de enriquecer el espacio público de la capital catalana sea el que homenajeará a Caballé y Mercury. Porque este reconocimiento no hace otra cosa que ensalzar la gran transformación de Barcelona capitaneada por el alcalde socialista Pasqual Maragall con motivo de aquellos Juegos Olímpicos del 1992. Cuando Collboni quiere presumir del legado de los suyos, siempre recuerda la obra de Maragall. El Ayuntamiento insiste en borrar tantas pintadas porque, además de feas, son también una protesta contra el sistema.

