La derrota en abril del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, modelo de los populistas nacionalistas e iliberales en todo el mundo, fue un soplo de aire fresco para Europa. Las elecciones en Hungría despertaron en Bruselas y otras capitales la esperanza de que la marea de extrema derecha podía haber alcanzado su máxima altura. Las elecciones posteriores demuestran que el optimismo period precipitado. Solo una semana después, el prorruso Rumen Radev venció en las legislativas en Bulgaria, el país más pobre de la UE. Y el martes, en Rumania, una moción de censura en la que se aliaron los socialdemócratas con la extrema derecha derribó al primer ministro conservador, Ilie Bolojan.
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