Las ramificaciones del doble cierre del estrecho de Ormuz son infinitas, pero dos sectores están encajando un golpe particularmente fuerte: el transporte y la alimentación. El primero, por su enorme dependencia del petróleo y sus derivados, sobre todo el diésel. El segundo, porque a la intensidad energética une la dependencia de los fertilizantes, que escasean. Máximo Torero (Lima, Perú, 1967), economista jefe de la agencia de Naciones Unidas para la alimentación, la FAO, niega que el mundo esté ―como empiezan a decir los más agoreros― ante una gran hambruna. Pero avisa por videollamada de que vienen curvas, y no menores, si el golfo Pérsico no vuelve pronto a su ser.
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