Imagina abrir tu navegador y darte cuenta de que Web ya no está hecho para ti. No porque los temas ahí expuestos no sean interesantes o las palabras sean incomprensibles, sino porque, en realidad, nunca estuvieron dirigidas a un lector humano. Es más, quizá ni siquiera fuiste tú quien inició la búsqueda. Un asistente de IA lo hizo por ti, filtrando, resumiendo y entregándote un resultado procesado sin que jamás hayas tenido que recorrer la internet.
En su e-book de predicciones de advertising and marketing de este año, Gartner adelanta que para 2026, más de un tercio del contenido en Web será generado exclusivamente para consumo de inteligencia artificial (IA). No escrito para humanos, sino para que otros agentes de IA lo interpreten, lo analicen y lo conviertan en un output comprensible para nosotros. En otras palabras, la internet poco a poco dejará de ser un espacio donde los humanos buscan y procesan información para convertirse en un ecosistema donde las máquinas generan, distribuyen y consumen contenido entre ellas, dejando a los humanos en la periferia.
Cuando las máquinas hablan entre sí
Un caso que ilustra esta transformación es el trabajo de los desarrolladores Anton y Boris, quienes están creando un lenguaje llamado Gibberlink para que los agentes inteligentes puedan comunicarse sin necesidad de usar lenguaje humano. La concept es easy: si un usuario manda a su asistente de IA a reservar una habitación en un lodge operado por otra IA, no hay razón para que se comuniquen en inglés, español o chino. En lugar de eso, pueden intercambiar información de manera eficiente en su propio lenguaje.
Este cambio tiene implicaciones profundas y hasta un poco de ironía. Todo el trabajo detrás de la IA generativa ha sido enfocado en entrenar modelos para comunicarse como lo hacemos los humanos: hablar como nosotros, escribir como nosotros, generar imágenes y sonidos que imiten nuestras creaciones. Pero hemos llegado a un punto de inflexión donde dos máquinas puedan saltarse ese lenguaje humano que ya dominan, para utilizar uno propio, mucho más rápido y eficientemente, excluyendo inevitablemente a los humanos del proceso. No necesitaremos leer, comparar ni evaluar información. En este escenario solo participaremos en el enter o tarea específica que le demos a los agentes y en resultado remaining o output que nos entreguen, sin tener forma de enterarnos de la conversación que hayan tenido entre ellos.
¿Una generación de internautas analfabetos?
Web tal como lo conocemos nació como una herramienta de exploración, un espacio donde los usuarios navegaban, investigaban, debatían y construían conocimiento colectivo. Pero en este nuevo paradigma, donde los agentes inteligentes no solo generan contenido sino que también lo filtran y lo procesan por nosotros, la pregunta es: ¿qué pasa con nuestras habilidades de búsqueda, análisis y pensamiento crítico?
Hoy ya vemos los primeros signos de este cambio. Según Gartner, el uso de aplicaciones móviles disminuirá un 25% para 2027 porque los usuarios dependerán más de asistentes de IA. En lugar de abrir una app para buscar un restaurante, encontrar direcciones o leer reseñas, simplemente le preguntaremos a nuestro asistente, que nos dará una respuesta optimizada basada en interacciones previas con otros agentes de IA.
El riesgo es evidente: si dejamos de necesitar navegar por la internet, leer fuentes originales o cuestionar la información que recibimos, podríamos estar creando generaciones de “internautas analfabetos”, usuarios que no saben cómo buscar información por sí mismos porque nunca han tenido que hacerlo. Esto no es necesariamente algo malo, ya que ese tipo de habilidades serán inútiles; hacer uso de Web requerirá otro tipo de criterio, más enfocado en saber construir y dar los prompts adecuados para obtener los resultados esperados.
Web sin humanos
Este escenario nos lleva a una reflexión más amplia: ¿el web se está convirtiendo en un ecosistema cerrado donde las máquinas crean para otras máquinas? Por ejemplo, la información generada por un medio que cubre una noticia, no necesariamente será leída por humanos, sino que en muchos casos será interpretada por otros agentes para llevarla al consumo humano en resultados finales personalizados en el formato y soporte que más le convenga a cada usuario, ya sea un podcast, un resumen o hasta una canción de rap.
Si ya no necesitamos leer porque un asistente lo hace por nosotros, si ya no navegamos la internet porque la IA nos entrega la mejor opción en segundos, si las máquinas se comunican entre sí en un idioma que no comprendemos, ¿seguiremos siendo participantes activos de Web o nos reduciremos a simples consumidores pasivos de outputs generados por máquinas? Será muy interesante ver cómo se desarrolla esta tendencia durante los próximos años.