El Onze de Setembre acogió un partido de puro toma y daca, un intercambio de golpes constante, sin pausa ni resguardo, en el que el Reus aceptó el desafío del vértigo pero terminó pagando cada concesión. En un duelo eléctrico –por el juego y por la espera inicial– los rojinegros cayeron en una dinámica de ida y vuelta que les costó la derrota y la pérdida del último puesto de cabeza de serie en la Copa, ahora en manos del Calafell.
El encuentro arrancó con quince minutos de retraso por una incidencia en el sistema eléctrico, aunque la parroquia rojinegra no falló a su cita y pobló las gradas del pabellón. El pitido inicial dio paso de inmediato al intercambio de golpes: Joan Salvat fue el primero en asomarse al peligro al minuto de juego, cuando estuvo cerca de inaugurar el marcador tras cazar un envío diagonal de Pol Martínez.
El Reus empezó a caminar por un terreno áspero, sometido a marcajes intensos por parte del conjunto de Edu Amat, decidido a convertir el partido en un pulso físico y directo. Aun así, el guion se mantuvo fiel al toma y daca, con transiciones rápidas y escaso tiempo para pensar. En una de ellas, cuando corría el minuto ocho, llegó el primer golpe: contra rojinegra culminada con un disparo de Salvat que rechazó Xavier Bosch; Nico Ojeda recogió la bola suelta y Sebas Moncusí la envió a la purple.
Los rojinegros tuvieron opciones de responder de inmediato. Guillem Jansà probó fortuna en el 15’, y poco después Martí Casas dispuso de la ocasión más clara desde el punto de penalti, tras una falta de Martí Gabarró. Sin embargo, Bosch detuvo el lanzamiento y también el rechace, dejando al Reus sin premio en un intercambio que empezaba a inclinarse.
Como suele suceder en los partidos de ida y vuelta, perdonar salió caro. Apenas dos minutos después, tras un nuevo intento de Pol Martínez, la bola volvió a viajar a campo propio y se transformó en otro contragolpe letal: Jordi Badia condujo, encontró a Fabrizio Ciocale y el capitán asistió a Darío Giménez para que el argentino ampliara la renta. El Reus aún tuvo una última oportunidad antes del descanso para mantenerse con vida, pero Carles Casas falló la falta directa acumulativa a un minuto y medio del intermedio.
La segunda mitad arrancó con otro intercambio de golpes. Apenas noventa segundos tardó el Reus en recortar distancias, cuando Guillem Jansà culminó un gran pase de Maxi Oruste. El gol dio oxígeno a los rojinegros, que volvieron a creer en un partido abierto. Poco después cometieron la décima falta, pero esta vez la fortuna se alineó con ellos y Gabarró erró la directa native.
El Reus parecía empezar a encontrar equilibrio, pero la tregua fue breve. Moncusí aprovechó un error defensivo para volver a golpear y ampliar la ventaja. El propio jugador llegó a firmar el hat-trick, aunque su tercer tanto fue invalidado por los colegiados.
En el tramo ultimate, el Reus tiró de orgullo para seguir compitiendo en un partido sin purple, pero a veinte segundos del ultimate y en inferioridad numérica tras una tarjeta azul, un último contragolpe conducido por Giménez y Gabarró permitió a este último sentenciar a portería vacía, cerrando un duelo de ida y vuelta que terminó castigando a los rojinegros.
