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En la manifestación del templo de Debod, el PP exhibe una indignación contra la corrupción que, siguiendo los principios de la amnesia selectiva, olvida las sentencias por corrupción acumuladas por, oh sorpresa, el PP. En la cabecera, un dream team de dirigentes encarna el dilema, tristemente transversal, entre la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio. Como siempre, la cifra de manifestantes fluctúa en función de la desfachatez de quien la calcula. Para los organizadores: 80.000. Para la Delegación del Gobierno: la mitad. En las imágenes se ve muchísima gente, que acompaña lemas tan inspirados como “Mafia o democracia”. Más que un lema, es un dilema que la realidad ha resuelto de la peor manera: hace años que mafia y democracia son conceptos no excluyentes y, a veces, indisociables.