La corrida del Corpus en Sevilla, vestida de mucha solemnidad en el ambiente y en los detalles, tuvo un solo nombre de principio a fin: Morante de la Puebla. Cortó tres orejas con dos faenas pletóricas de talento y buen gusto y se fue a hombros por la Puerta del Príncipe por tercera vez en su dilatada carrera. Ha sido una salida triunfal, pero, sin duda, no ha sido la tarde más redonda del cigarrero en La Maestranza. En la misma feria de Sevilla de este año hubo alguna tarde de mayor rotundidad. Pero atraviesa un momento de gran clarividencia, tiene a los públicos encandilados, y todo ello se convierte en vítores y aclamaciones. Se diría que cortó tres orejas casi sin despeinarse.
El primero que saltó al ruedo se devolvió por su manifiesta invalidez y salió un sobrero de Garcigrande, noble y sosito, que siempre se abría en los muletazos. Morante se lució con el capote y realizó una faena de perfiles bonitos, pero sin profundizar mucho. Fue una faena corta, con mucho toreo con la derecha. Empaque y pulcritud como notas sobresalientes. La eficacia con la espada le permitió pasear la primera oreja de la tarde.
El cuarto, anovillado y protestado, con la casta justa y la bravura escasa, fue un toro noble en la muleta. Ya en banderillas descolgó con clase por el pitón izquierdo. Morante se explayó con un toreo bellísimo, que comenzó con muletazos por bajo, trincherillas y uno de pecho de una lentitud insultante. Consciente de la bondad del pitón izquierdo, toreó con gusto al pure y volvió a dibujar un pase de pecho enorme. Alternó ambos pitones con mucha torería, plasticidad, y se le vio más rematado cuando ofreció la muleta por la izquierda y menos rotundo por la derecha. Toda su labor la llevó a cabo en un metro cuadrado de la plaza. Si bueno fue el toreo elementary, no menos buenos fueron los adornos y los remates, como algún cambio de mano o algún kikirikí glorioso. Remató con pases por alto, y volvió a enterrar la espada en una buena estocada. Ahora, la plaza, apasionada y presa de una intensa emoción, pidió y consiguió las dos orejas, que posiblemente fueran un premio excesivo ante la escasa entidad del toro y la propia labor del torero.
Pero Morante goza ahora mismo del fervor common, la gente ruge al verlo triunfar, le grita eso de ¡José Antonio Morante de la Puebla!, de forma que esa pasión colectiva le permite lograr triunfos como el de esta tarde, en la que estando bien no ha sido ni de lejos una de sus mejores tardes en Sevilla.
Morante fue el tapabocas de la corrida. Si no hubiera triunfado de esta forma, ahora tendríamos que poner en titulares que en los corrales hubo baile y trasiego para poder completar seis toros, que se echaron para atrás siete de García Jiménez, que se completó el encierro con uno de Garcigrande —a la postre dos con el sobrero— y que hubo toros mal presentados, como segundo y cuarto, lo que de nuevo vuelve a plantear la incógnita de cómo serían los rechazados.
Juan Ortega y Pablo Aguado tuvieron la posibilidad de pasear alguna oreja en sus respectivos primeros toros, pero la espada les impidió el triunfo.
El trianero Ortega se lució en una faena de muleta de buenos detalles con el primero de su lote, toro chico e inválido. La faena fue intermitente porque junto a muletazos de gran belleza, hubo otros de menos acoplamiento. Tres naturales muy buenos, un cambio de mano excepcional, alguno con la derecha de temple y mando, todo ello fue muy bien recibido por la plaza. Sin embargo, un pinchazo previo a la estocada le quitó el premio.
En el caso de Pablo Aguado, fue sorprendente su actitud. Se fue a portagayola para recibir al tercero con un farol, al que siguieron unas verónicas de enorme clase, jugando bien los brazos. En su fairly volvió a torear con mucha clase con la capa. Tras el saludo en banderillas de Iván García y Sánchez Araujo, Aguado toreó con naturalidad al noble astado de Olga Jiménez en dos tandas con la derecha, la segunda con el torero más entregado, brilló en el toreo al pure y en dos ocasiones dibujó el pase de las flores para hilarlo con derechazos en redondo. Fue una buena faena que tampoco tuvo el remate de la espada.
Pasado el huracán de Morante, la corrida entró en una fase de declive, mitad porque los toros quinto y sexto no ayudaron, mitad porque la plaza parecía anestesiada ante el suceso del torero de La Puebla. A Ortega se le apagó pronto el quinto y todo fue breve. El sexto, de escasa casta y menos clase, tampoco permitió mayor lucimiento a Pablo Aguado.
A Morante lo sacaron a hombros por la Puerta del Príncipe entre el clamor de una plaza entregada a su torería innata. Es la tercera. Al verlo tan fácil y resuelto, uno piensa que aún le quedan muchas por delante.
García Jiménez / Morante, Ortega, Aguado
Tres toros de García Jiménez, dos de Garcigrande -primero bis y quinto- y uno de Olga Jiménez -el tercero-, justos de presentación, y dos, segundo y cuarto, mal presentados y descastados; con nobleza segundo, tercero y cuarto.
Morante de la Puebla: estocada atravesada (oreja); estocada (dos orejas). Salió a hombros por la Puerta del Príncipe.
Juan Ortega: pinchazo y estocada desprendida (ovación); estocada tendida (silencio).
Pablo Aguado: pinchazo y estocada perpendicular y contraria (ovación); estocada trasera (silencio).
Plaza de La Maestranza. 4 de junio. Corrida del Corpus Christi. Lleno de “No hay billetes”.
