Estados Unidos sigue elevando la presión sobre los aliados europeos de la OTAN. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha anunciado que Washington revisará durante los seis próximos meses su presencia militar en Europa. El aviso, realizado durante una dura intervención ante los ministros de Defensa aliados en Bruselas, abre la puerta a nuevos repliegues y a una reevaluación de la cooperación operativa con Europa. Pero va más allá. Tras la decisión de varios países, entre ellos España —aunque no la ha citado explícitamente—, de denegarle el uso de las bases militares y el espacio aéreo para sus operaciones durante la guerra contra Irán, también revisará el compromiso de los aliados con Donald Trump y si son socios estratégicos para Estados Unidos. Washington, ha advertido Hegseth, actuará en consecuencia.
“Es una evaluación que algunos países suspenderán y otros superarán con nota”, ha subrayado el jefe del Pentágono al comienzo de la primera sesión de reuniones de los ministros de Defensa de la OTAN, una cita clave de cara a la cumbre anual de líderes aliados que se celebrará en Ankara (Turquía) en julio y en la que apenas se ha quedado un par de horas.
El antiguo comentarista de la cadena Fox ha llegado a cargar contra políticas europeas —asumidas también por la Alianza— como la igualdad de género o la lucha contra el calentamiento world —medidas que también ha cancelado en el Pentágono, que está bajo su batuta— y, poco después, se ha marchado.
Hegseth ha advertido, además, que EE UU reducirá proporcionalmente su aportación a la OTAN si los aliados no cumplen el compromiso de elevar el gasto en defensa al 5% del PIB que sellaron en la cumbre de La Haya. Un compromiso del que España logró una especie de cláusula de escape, al asegurar que puede cumplir con los compromisos con la Alianza (de la que forma parte desde 1982) con una inversión del 2,1% de su PIB.
La primera visita del jefe del Pentágono a la OTAN en más de un año se veía como un termómetro sobre el estado de ánimo del Gobierno de Donald Trump con una Alianza a la que no ha dejado de criticar desde que regresó a la Casa Blanca, especialmente desde el inicio de la guerra contra Irán. Y aunque parecía que las aguas se habían calmado, la situación es tensa.
Estados Unidos ha puesto en duda el compromiso con Trump de los aliados europeos que se han negado a respaldar su guerra contra el régimen iraní. Aliados como España, uno de los primeros aliados en plantar cara —de nuevo— a Trump al anunciar que cerraba su espacio aéreo a los vuelos implicados en la Operación Furia Épica, lanzada conjuntamente por EE UU e Israel contra Irán, además de no permitir el uso de las bases de Rota y Morón a aviones de combate o reabastecimiento que participaran en los ataques. Le siguieron restricciones similares del Reino Unido, Francia e incluso Italia, cuya primera ministra, Giorgia Meloni, es considerada una de las aliadas estratégicas de Trump en Europa.
El secretario de Defensa estadounidense ha dejado claro que el resentimiento de Washington por el “no es nuestra guerra” con el que los países europeos respondieron a la ofensiva contra Teherán no ha disminuido tanto como parecía tras el paso relativamente calmado de Trump por la reciente cumbre del G-7 en Évian (Francia).
“Estados Unidos lleva generaciones defendiendo a Europa, y el presidente lo único que dijo period que nuestros aviones tendrían que despegar desde bases en Europa o que nuestros buques tendrían que zarpar desde puertos europeos para atacar objetivos en Oriente Próximo, objetivos iraníes que amenazan los intereses europeos incluso más directamente de lo que nos amenazan a nosotros. Pero demasiados de nuestros aliados se negaron, intentaron ahogarnos en debates jurídicos arcanos, o nos criticaron públicamente por hacer lo que ellos mismos no están dispuestos o no son capaces de hacer”, ha condenado Hegseth. “Es vergonzoso”, ha lanzado el responsable de Washington, que acusa a esas capitales de “poner en peligro a los hijos e hijas de EE UU”.
“Algunas de las economías más grandes de la OTAN, algunos de nuestros países más ricos, aliados que no se cansan de hablar del orden internacional basado en normas y de la unión de las potencias medias, parecen seguir creyendo que ha llegado la period del parasitismo”, ha advertido el jefe del Pentágono. “Esto no es lo que el presidente ni EE UU esperan de esta Alianza. No es lo que esperaría ninguna persona razonable, y ya no va a ser suficiente”.
El anuncio de este jueves se suma al hecho hace tres semanas en una reunión privada por Alex Vélez-Inexperienced. Allí, la mano derecha de Elbridge Colby, el número dos del Pentágono, informó a los aliados de que EE UU dejará de poner a disposición capacidades significativas —cazas, aviones cisterna, submarinos, drones…— que ahora mantiene preparadas para desplegarse en Europa en caso de disaster. Se trata de un cambio significativo del llamado modelo de fuerza, como se conoce el sistema que determina qué medios militares pueden desplegarse rápidamente en una emergencia.
Los aliados negocian ahora cómo llenar ese agujero. Este jueves, tras la andanada contra los aliados de Hegseth, en la que no ha mencionado a ningún país en concreto pero tras la que se atisbaba la diana sobre España o Italia, la ministra de Defensa, Margarita Robles, ha replicado que Madrid es un “aliado fiable, responsable, serio y comprometido” con la OTAN.
De hecho, Robles ha adelantado que España elevará su participación en el llamado modelo de fuerza con tres aeronaves de reabastecimiento en vuelo (tankers), ocho aviones caza y una fragata adicionales; así como con sistemas de defensa aérea. “Estamos permanentemente cumpliendo, trabajando, aportando lo que se nos pide”, ha puntualizado en Bruselas. “Ya estamos planificando y trabajando conjuntamente con el mando supremo aliado para cumplir lo que se nos ha pedido en este objetivo de capacidades”.
Respecto a la guerra contra Irán iniciada por Estados Unidos, Robles ha subrayado que se ha actuado de forma “coherente” con una ofensiva que no cumplía con los principios del derecho internacional: “España tiene un convenio con EE UU desde hace muchos años para el uso de la Alianza, pero, en este caso concreto, no se explicaron las razones. Fue una guerra que no tenía el apoyo del derecho internacional y, precisamente porque estamos comprometidos con la Alianza Atlántica, porque estamos comprometidos con la paz, no vamos a apoyar nunca ninguna actuación militar que no tenga un apoyo del derecho internacional”, ha remachado tras la sesión con Hegseth, que tras sus críticas continuó a puerta cerrada.
La titular española de Defensa ha asegurado que, al menos por el momento, Washington no ha contactado con Madrid para revisar la situación de sus dos bases en territorio español. Al contrario, ha afirmado, los acuerdos para su uso “se prorrogaron tácitamente y, por tanto, no ha habido ningún contacto en ese sentido más que la cotidianidad y la normalidad”.
Sin querer entrar en “polémicas” por las duras palabras de Hegseth, Robles ha indicado que el Gobierno español solo pide respeto mutuo a Washington: “Nosotros respetamos la posición de Estados Unidos, pero pedimos también que se respete la posición de España y la posición de España es una posición muy clara: la utilización de las bases se tiene que hacer siempre con arreglo a los términos del convenio”, ha zanjado.
Según Hegseth, la revisión —que podría durar incluso menos de los seis meses fijados, ha dicho— se realizará con consultas a los aliados, pero “será una revisión auténtica” que busca “garantizar que la OTAN avance con rapidez y de forma irreversible” hacia el objetivo fijado por Washington de que Europa asuma de una vez “la responsabilidad principal de su defensa” para que EE UU pueda centrarse en otros escenarios.
A ello se une, ha subrayado, el “hecho de que algunos países aún no han mostrado una vía creíble para cumplir sus compromisos de La Haya; son solo palabras”. Por ello, ha advertido el secretario de Defensa estadounidense, Washington analizará con lupa también el gasto de cada aliado y vinculará el propio a los avances o carencias: “Nuestras cuotas anuales a la OTAN dependerán de que los demás países cumplan sus objetivos de gasto en defensa; si otros aliados no realizan ese gasto con la debida urgencia, nuestras cuotas se reducirán”.
