La Inteligencia Synthetic ha dejado de ser una cuestión de innovación para convertirse en una cuestión de poder. La decisión de Estados Unidos de restringir el acceso a extranjeros a algunos de los modelos de Inteligencia Synthetic (IA) más avanzados ha dado a Francia y Alemania el ejemplo que necesitaban para lanzar una advertencia clave: la dependencia tecnológica de Europa ya no es solo una cuestión económica, sino un problema de seguridad estratégica y de vulnerabilidad geopolítica. En un documento de trabajo conjunto, los dos países más poderosos de la UE reclaman una nueva política europea de soberanía digital centrada en la IA, computación en la nube y semiconductores, con el objetivo de reducir las dependencias críticas de tecnologías controladas por terceros países.
El llamamiento de París y Berlín llega en un momento especialmente wise, con las reuniones de los países del G-7 con los popes de las grandes compañías de IA y en medio de un creciente endurecimiento de la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China.
El documento franco-alemán, que ha podido consultar EL PAÍS, constituye la declaración política más ambiciosa hasta ahora de las dos mayores economías de la Unión Europea sobre el futuro de la IA. “La soberanía digital de Europa debe reforzarse reduciendo la dependencia crítica de tecnologías, recursos, productos y servicios digitales procedentes de terceros países”, lanzan los Ejecutivos de Friedrich Merz y Emmanuel Macron.
La referencia es especialmente relevante tras la decisión de la Administración de Donald Trump de limitar el acceso de ciudadanos extranjeros a los modelos Fable 5 y Mythos 5 —muy avanzados— de Anthropic, una medida que ha puesto de manifiesto hasta qué punto el acceso a tecnologías consideradas estratégicas puede depender de decisiones tomadas fuera de Europa. El episodio ilustra el riesgo que París y Berlín describen en su documento: Europa no puede permitirse construir su futuro digital sobre tecnologías cuyo acceso closing depende de decisiones tomadas en otras capitales.
Francia y Alemania buscan marcar su posición de cara a la regulación sobre soberanía tecnológica que prepara la Comisión Europea para este año. Sostienen que la soberanía digital es “más que nunca un desafío de seguridad”, y advierten de que ciberataques, espionaje y amenazas híbridas ponen en la diana cada vez más a las infraestructuras digitales, que definen como el “sistema nervioso” de las democracias occidentales.
El documento no habla explícitamente de defensa, pero refleja la creciente convergencia entre política tecnológica y seguridad nacional. La IA ya se utiliza en la ciberseguridad, la inteligencia, la vigilancia de infraestructuras esenciales o el análisis de grandes volúmenes de información militar. La preocupación se extiende a toda la cadena tecnológica. Desde los semiconductores y las infraestructuras de computación hasta el software program, los datos y la inteligencia synthetic.
En el mercado europeo, gran parte de los sistemas de IA dependen de modelos estadounidenses, ejecutados sobre infraestructuras de la nube (cloud) dominadas por gigantes como Amazon, Microsoft o Google y alimentados por chips diseñados o fabricados fuera de Europa. Incluso muchas startups europeas de IA desarrollan sus productos sobre plataformas que no controlan directamente, lo que deja al Viejo Continente expuesto a decisiones regulatorias o comerciales adoptadas en Washington.
El documento también refleja una creciente frustración europea con un patrón repetido durante décadas: producir investigación de primer nivel y perder después la carrera empresarial frente a competidores estadounidenses. Francia y Alemania reclaman una movilización de capital para permitir que las startups europeas de IA alcancen escala world, así como inversiones en centros de datos, capacidad de computación y semiconductores.
En otras palabras, la soberanía tecnológica no pasa únicamente por nuevas normas o restricciones, sino por crear campeones industriales capaces de competir en un mercado donde Estados Unidos domina los modelos más avanzados y China destina recursos masivos a construir su propio ecosistema de inteligencia synthetic. El desafío para Bruselas será convertir esa ambición en financiación real y en empresas capaces de sobrevivir en una industria cada vez más concentrada.
Francia y Alemania proponen crear un esquema de “socio de confianza” para modelos tecnológicos avanzados. Un asunto clave en este momento geopolítico convulso que también se ha abordado en la reunión del G-7, en la ciudad francesa de Évian-les-Bains. Allí, los líderes de las principales democracias industrializadas del mundo (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido, además de la participación permanente de la Unión Europea) han tratado de convencer a Washington de perfilar una estrategia coordinada que no les deje descolgados.
En el primer plano, se celebró este miércoles una llamativa sesión que juntó a los líderes políticos del grupo con los dirigentes de algunas de las principales compañías del sector, entre ellos Sam Altman (OpenAI), Dario Amodei (Anthropic) y Demis Hassabis (jefe de IA de Google).
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, subrayó en la conferencia de prensa de cierre de la cumbre que consideraba muy positiva la toma de conciencia en Washington de los riesgos que ciertos modelos pueden entrañar, pero negativa la respuesta nacionalista. Exhortó a trabajar de forma coordinada, lo que, según él, es de mutuo interés para que las empresas estadounidenses puedan contar con el mercado europeo.
En el segundo plano, los líderes del G-7 emitieron un comunicado en el que llamaron a los gigantes del sector para que “desarrollen y apliquen tecnologías y sistemas que garanticen experiencias seguras, protegidas y adecuadas a la edad de los usuarios”, en un intento de mejorar la protección de menores. La iniciativa se refiere tanto al entorno de las redes sociales como las múltiples capacidades de los modelos de inteligencia synthetic.
El trasfondo económico es enorme. El ex presidente del Banco Central Europeo (BCE) Mario Draghi, en su informe sobre competitividad europea presentado en 2024, ya advertía de que tres grandes proveedores estadounidenses de computación en la nube concentran más del 65% del mercado europeo, mientras que el mayor operador europeo apenas alcanza el 2% de cuota. También señalaba que cerca del 70% de los modelos fundacionales de inteligencia synthetic desarrollados desde 2017 proceden de Estados Unidos.
