En la plaza de Gutiérrez hay un árbol de Navidad. Es junio. Nadie lo ha desmontado todavía. Ni lo hará. Está hecho con botellas de plástico recicladas, pintado de verde, con su estrella todavía en la cima. A Gutiérrez, a cuatro horas por carretera desde Bogotá, no se llega de paso hacia ningún lado. El que viene aquí lo hace buscando algo. Sus vecinos lo saben y miran de arriba abajo al visitante. No hay desconfianza, pero sí curiosidad. Esperan a que de una vez la forastera diga qué quiere, en este caso responder a una pregunta: ¿Por qué el 31 de mayo el 82% de sus habitantes votó por Abelardo de la Espriella, un candidato que representa la derecha más radical?
De los 1.103 municipios de Colombia, Gutiérrez está entre los 15 que más votos concentró por De la Espriella en la primera vuelta del pasado domingo. Es el primero de Cundinamarca, el departamento del centro del país que rodea a Bogotá, la capital. No es un municipio grande ni rico: sus poco más de 4.000 habitantes se reparten entre los alrededores de la plaza central —donde están la alcaldía, las tiendas, el restaurante, la carnicería y el árbol de Navidad— y el laberinto de veredas unidas por caminos de tierra, casas con gallinas en el patio, lomas donde pacen las vacas y las fincas donde se cultivan fríjoles, papas y aguacates. Ni rastro de los votantes de Iván Cepeda.
Yanira Pardo despacha carne desde primera hora de la mañana sin parar. Tiene 54 años, es menuda, de ojos azules y luce una virgen colgada al cuello. Lleva años detrás del mostrador de su carnicería en el centro de Gutiérrez y no tuvo dudas acerca de su voto: “Abelardo promete seguridad y nosotros tuvimos una violencia dura: bombardeos, guerrilleros y asesinatos de la gente del pueblo. Uno no quiere repetir ese horror. Ya lo vivimos”. La conversación se interrumpe cada dos minutos. Entra una cliente, pide un corte. Pardo atiende y vuelve. Una de esas clientas, una mujer mayor, escucha la conversación mientras espera su pedido y exclama antes de marcharse:
—¡A mí que la guerrilla me devuelva a mis hermanos muertos! Ese día votaré por Petro
Nadie le responde. Pardo envuelve la carne. La señora paga y se va, dejando cierto silencio incómodo.
El hoy apacible Gutiérrez carga con una historia de violencia que sigue marcando el voto de sus vecinos. Durante más de una década, desde finales de los años noventa hasta bien entrado el gobierno de Álvaro Uribe, las FARC quisieron convertir este rincón en uno de sus corredores estratégicos en su meta de rodear Bogotá. La madrugada del 8 de julio de 1999, medio millar de guerrilleros atacaron el municipio. Había menos de 60 soldados, la mayoría jóvenes de 18 y 19 años prestando el servicio militar. 38 murieron. Más de 20 fueron ejecutados después de rendirse. Fue el golpe más sangriento que las FARC asestaron al Ejército en el centro del país.
“Aquí se acabó el problema con la guerrilla cuando Uribe entró a la presidencia. Vino y barrió con toda esa gente por acá. Metió el ejército y gracias a Dios…”, cuenta Raúl Acosta, 64 años, agricultor y conductor que vive a una hora de la plaza del pueblo.
Acosta da una pista de por qué Gutiérrez vota históricamente a la derecha. Antes a Uribe y ahora a De la Espriella. Pero los resultados electorales también se explican porque millones de colombianos asocian a la izquierda con los guerrilleros que han marcado la historia del país. Un imaginario que ha alimentado el voto contra el presidente Gustavo Petro, exmilitante de la guerrilla M19 y defensor, como Cepeda, de negociar con los grupos criminales para lograr la paz.

En uno de los cafés de la plaza, una pequeña tienda con tres mesas y sillas que se sacan a la calle, Pedro Moreno, de 64 años, disecciona el voto anti Petro, anti Cepeda y anti izquierdas. El suyo y el de sus vecinos. Aunque antes es él el que pregunta: “¿Usted va a escribir esto con sesgo?”. Al minuto se relaja.
“Mi versión es private y puede no ser la actual. Pero presumo que la mayoría votó por Abelardo porque asocian a Iván Cepeda con la guerrilla. Y no queremos saber más de eso acá”, explica.
—¿Entonces su voto es más contra Cepeda que a favor de Abelardo?
—Exactamente. Los colombianos casi siempre votamos en contra de algo, no a favor. Y ahora con mayor razón.
Aunque el candidato oficialista esté lejos de ser cómplice de los criminales, De la Espriella ha prometido una fórmula mágica para recuperar los territorios dominados por las armas en solo 90 días. Es una propuesta irrealizable, según han asegurado los expertos y el propio ministro de Defensa, pero la gente le cree.
Moreno sonríe cuando se le pregunta por esos planes. “Su programa son tres hojitas. O sea, nada, pero representa todo lo contrario a Cepeda. Y eso, aquí, es suficiente”, cube. Cube que su candidato es un poco “cantinflesco” y “machista”, “no es perfecto”, pero es su mejor opción.
Luz Dary González, concejal cuatro veces por el Partido Conservador, cuenta que no pudo ir a su finca durante los años más duros de la violencia. “Los guerrilleros me iban a quitar a mi hija”, asegura. Hoy clama contra el Gobierno Petro por la actualización del valor catastral que disparó el impuesto predial: sus ocho hectáreas pasaron de 31 a 599 millones de pesos. “¿De dónde voy a pagar?”. Votó por De la Espriella porque no le gusta Petro y no quiere volver a nada que le recuerde al pasado de su pueblo, pero tiene un consejo para el candidato: que maneje con precaución a Álvaro Uribe. “Cuando la otra candidata [Paloma Valencia] dijo que lo iba a meterlo de ministro de Defensa, todos se le quitaron”. Su voto es también contra “los de siempre”, otro leit motiv del extremely.

En el patio de una casa que también es restaurante, a un lado de un camino de tierra con una loma de vacas al frente, aparece Francisco Efrén Mallorca, de 62 años. Dos policías almuerzan en silencio en una mesa mientras ven el noticiero del mediodía. El hombre, que labra el campo y ordeña unas vacas, cube que no tiene mucho que contar porque él no sabe de política, pero el cómo votó y por qué lo hizo también cuenta sobre cómo se movió este pueblo —y el país— electoralmente.
“Yo de política no entiendo. Pero los amigos dijeron que había que votar por él, que period el único candidato que podía sacarnos de esta disaster”, cube. ¿Qué disaster? “Si usted tiene una finca, en este Gobierno le han valorado una hectárea en más de cien millones de pesos. ¿Y quién se la va a comprar?” ¿Le gusta Abelardo? “No sé mucho. Pero le volveré a votar.
El 21 de junio Colombia vuelve a las urnas. Abelardo de la Espriella ganó la primera vuelta con el 43,7 % de los votos —más de 10,3 millones— e Iván Cepeda quedó segundo con el 40,9%, casi 9,7 millones. Los separan menos de tres puntos porcentuales y tienen poco más de dos semanas para conquistar los casi tres millones de votos que quedaron sin candidato y otros tantos millones de colombianos que decidieron no votar.
En pueblos como Gutiérrez no habrá sorpresas. La carnicera y la concejal volverán a votar por De la Espriella porque ya vivieron lo otro. Francisco Efrén porque se fía de lo que dicen sus amigos. Y Pedro Moreno, porque aunque el programa sean tres hojitas, representa todo lo contrario a Cepeda. En Gutiérrez, eso ya es suficiente, aunque aún quede partido por jugar.

