El Gobierno está tardando más de lo routine en encontrar un argumentario para afrontar la imputación del expresidente Zapatero. Es un problema porque hay que llenar las horas del llamado análisis, que crecen hacia el infinito y exceden la realidad analizable. Y, sin directrices, andan las gentes desconcertadas haciendo lo que pueden, que a menudo es el ridículo. El frente lunático sugiere conspiraciones, un experto en comunicación ejerce de portavoz autorizado del expresidente y un presentador de la televisión pública insinúa que 10K igual no significaba diez mil sino diez kilómetros, cuando claramente se refería a Joseph K. y sus nueve primos. Se recuerda el respeto a la presunción de inocencia: así que a callar, por lo visto. A continuación se exhiben asombro y profunda tristeza. La sorpresa sorprende, puesto que hace tiempo que circulan informaciones inquietantes sobre Rodríguez Zapatero.
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