
Los festivales de cine nacidos en contextos de opresión o desarraigo son los más bellos, porque devuelven a las películas su sentido esencial, el de crear comunidad y reforzar la identidad, el de llevar algo de luz a donde más se necesita. El Festival Internacional de Cine del Sáhara, nacido hace 20 años en los campos de refugiados saharauis de Tindouf, es uno de ellos.