Las advertencias sobre la crisis energética y las posibles subidas de precios en los vuelos han tenido un efecto bumerán. Desde que estalló la guerra en Oriente Medio, directivos de numerosas aerolíneas han lanzado mensajes con la intención de crear un estado de opinión que aceptara los encarecimientos como algo inevitable. Pero la reacción de los pasajeros no ha sido la esperada. La demanda de viajes está sufriendo un freno, afirman compañías y analistas consultados.
El primero en admitir la situación de forma abierta ha sido Michael O’Leary, consejero delegado del grupo Ryanair. Al directivo se le puede tachar de muchas cosas, pero no de negar la mayor, y esta misma semana ha explicado negro sobre blanco lo que en la industria llevan días deslizando. “Parte de los clientes se muestra reticente a reservar vacaciones”, aseguró durante una conferencia de prensa en Dublín. En consecuencia, la aerolínea líder en Europa por pasajeros ha empezado a aplicar pequeños descuentos, de uno o dos puntos porcentuales, para las tarifas de junio, julio y agosto. O’Leary descartó sin embargo una guerra de precios este verano, ya que algunas compañías están reduciendo capacidad o no crecen tan rápido como se había previsto.
Ahora bien, las aerolíneas se están movilizando para tratar de reactivar las reservas con ajustes muy medidos en parte de las rutas más sensibles al precio. “Ahora las reservas se suelen hacer más cerca de la fecha del viaje; este verano, la incertidumbre sobre los precios del flamable y la situación económica en basic agravan aún más esta situación”, indica Deirdre Fulton, analista de la consultora especializada en aviación OAG. Pone un ejemplo concreto para explicar la estrategia que están siguiendo determinadas aerolíneas: las tarifas de la ruta Reino Unido-España, de las más transitadas en el continente, han caído de media un 10% en julio frente a un año antes. “El efecto aún no se observa en agosto”, añade Fulton, lo que indicaría que se trata de una rebaja táctica a la espera de que la demanda vuelva a coger velocidad. En cambio, los viajes de medio y largo radio sí han sufrido aumentos de precio considerables por su mayor consumo de flamable.
“Parte de los clientes se muestra reticente a reservar vacaciones”, afirma Michael O’Leary
Las llamadas a la tranquilidad de Iberia, Vueling, Air Europa o EasyJet en los últimos días van en esta línea. Las compañías han insistido en que no aplicarán recargos por flamable ni prevén cancelaciones, en un intento de calmar a unos clientes que siguen a la expectativa.
La ralentización de la demanda va más allá del sector aéreo. Las hoteleras están viviendo el mismo fenómeno. “La situación se resume en una frase: reservas de última hora”, comenta Bruno Hallé, socio y codirector de Cushman & Wakefield Hospitality en España. Los viajeros están retrasando sus decisiones de viaje –prosigue Hallé–, lo que complica la gestión de la operativa hotelera. “Si el nivel de reservas para julio en Barcelona debería estar ya al 85%, ahora nos movemos sobre el 55%-60%”, detalla. Los precios de los alojamientos, por su parte, se están moderando, lejos de las subidas a doble dígito que se vieron en los tres últimos ejercicios.
Entre las tácticas para intentar atraer huéspedes, Juan Molas, presidente de la Mesa del Turismo, destaca la promoción de reservas anticipadas, con descuentos o ventajas para así tratar de incentivar la contratación.
Barcelona debería estar con un nivel de reservas del 85% para julio, pero se sitúan en el 60%
Todo ello, mientras los costes operativos aumentan, tanto para las hoteleras como, especialmente, para las aerolíneas por el encarecimiento del queroseno. Los grandes grupos aéreos ya han adelantado que su cuenta de resultados sufrirá este año por ello.
El gasto en hoteles muestra esta tendencia de prudencia por parte de los viajeros. Así, el pago con tarjetas de crédito en establecimientos hoteleros disminuyó un 1,2% interanual en la primera semana de mayo, mientras que en todo el mes de abril retrocedió un 6%, según los últimos datos del Monitor de Consumo de Caixabank Analysis. En cuanto al gasto en agencias de viaje, acumula dos meses de descenso, con una bajada del 6,3% en abril y del 0,8% en la primera semana de mayo.
“El turismo emisor está tocado, la venta va muy lenta”, señala Molas al respecto. También observa un enfriamiento en el segmento de negocios, con una demanda todavía débil para el 2027. “Hay mucha prudencia”, sostiene.
Sigue habiendo ganas de viajar, pero se está demorando la compra; todo se decidirá en el último momento
En cambio, la industria se muestra optimista en cuanto al turismo receptor. Todos los consultados coinciden en que el sector español vivirá una buena temporada de verano, aunque sea a base de reservas tardías. “Habrá más turismo interno y, aunque la demanda international se haya enfriado, el Mediterráneo occidental se está beneficiando de la situación de conflicto en Oriente Medio”, subraya Hallé.
Así lo indican los importantes aumentos de capacidad que han programado las aerolíneas low price para España, Italia y Grecia –ver gráfico adjunto–. Las compañías han puesto sus esperanzas en el sur de Europa más que nunca y ahora tratan de que la demanda responda.
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