Según las encuestas, estas elecciones andaluzas van a tener poco misterio. Solo parece haber una gran incógnita, si Juanma Moreno conseguirá la mayoría absoluta o si necesitará gobernar con Vox para mantenerse en el poder. Otra variable, y esto será relevante a efectos de anticipar lo que pueda ocurrir en las próximas elecciones generales, será comprobar si María Jesús Montero logrará sacar al PSOE de su situación de atonía electoral en esta comunidad autónoma. Para ello habrá que observar también cómo se redistribuyen los votos en el espacio global de la izquierda. El escrutinio last lo dirá.
Si ampliamos un poco más el foco, lo interesante de estas elecciones es, sin embargo, la nueva constatación de que el PP puede alcanzar grandes resultados ―y, por tanto, debilitar a Vox― si recurre a un candidato poco histriónico y moderado en las formas y el discurso. Justo lo contrario de lo que vemos en Madrid, donde Ayuso asentó su mayoría absoluta recurriendo al radicalismo, es decir, pareciéndose más a su adversario situado a la derecha. No deja de ser curioso cómo estrategias antagónicas pueden acabar teniendo el mismo efecto: doblegar al competidor dentro de su mismo bloque. La cuestión no es baladí, porque sitúa a Feijóo ante un dilema de cara a las elecciones generales: seguir el modelo de Juanma Moreno o inclinarse por el ayusista.
Una primera respuesta ante esta aparente contradicción consiste en recurrir a las peculiaridades de cada una de estas comunidades. Lo que funciona en Madrid no sirve en Andalucía, y viceversa. La razón es sencilla: en el Sur, la derecha solo tenía posibilidades de acceder a la mayoría atrayendo a una buena parte del anterior voto socialista, para lo cual debía adoptar el rostro del viejo centroderecha europeo. En Madrid, por el contrario, su hegemonía ya estaba garantizada. ¿Para qué moderarse si la polarización existente lo que reclama son mayores dosis de confrontación con la izquierda? Su verdadero enemigo se encuentra en realidad en Vox. Si esto es así, lo que habrán de decidir los populares, y soy consciente de que es una decisión difícil, es a cuál de estas dos comunidades se parece más el conjunto de España, y actuar en consecuencia.
Ahora bien, a esto habría que añadirle algunos otros matices. Cada líder posee sus propios atributos, positivos y negativos, un perfil propio que se resiste a someterse a un diseño. Es decir, que Ayuso funciona porque es provocadora, está siempre atenta a captar la atención mediática, y moviliza mediante la polarización; eso es precisamente lo que sus seguidores le demandan. La lógica inversa opera en el caso de Moreno Bonilla, que genera confianza precisamente por tener un perfil pragmático, discreto, institucional y de integración. Cada uno de ellos fracasaría si se les pidiera que cambiaran su discurso y jugaran el rol del otro. El problema que a mi juicio tiene el PP es que no se sabe bien cuál es el perfil de Feijóo, y sin eso es difícil saber en qué registro puede ser más eficaz. A lo largo de la legislatura lo hemos visto acercarse más al perfil de Ayuso. El resultado ha sido que no ha resistido la comparación con la presidenta de la Comunidad de Madrid, que siempre ha buscado la confrontación directa con Sánchez. Queda por ver si Feijóo sabría incorporar el otro modelo y cuál sería el rendimiento que obtendría de él. Por eso mismo es tan interesante lo que hoy se juega en Andalucía. Si el PP no consigue la mayoría absoluta y entra una vez más a depender de Vox, me temo que, en lo simbólico, significará un retroceso de la vía moderada desde la derecha y de aquí a las elecciones generales seguiremos con más de lo mismo.
