Soudain (All of a Sudden), la nueva película del japonés Ryusuke Hamaguchi, parte de una correspondencia de 20 cartas sobre la enfermedad, la vida y la muerte entre la filósofa enferma de cáncer Makiko Miyano y la antropóloga Maho Isono. A partir de este intercambio, el cineasta japonés ha escrito junto a la francojaponesa Léa Le Dimna una película que ha rodado en Francia y que navega durante más de tres horas por la azarosa e intensa amistad de dos mujeres —la directora de una residencia de enfermos con alzhéimer y una directora teatral enferma, como Miyano, de cáncer— dispuestas a romper los códigos sociales sobre los enfermos terminales.
El tema es árido y el metraje exagerado y exigente, pero Hamaguchi —que se ha convertido en uno de los grandes nombres del cine internacional, sobre todo desde la excepcional Drive My Car (2021)— posee el vuelo de los maestros y convierte esta travesía alrededor de los cuidados en un alegato utópico anticapitalista. La película la protagonizan las actrices Virginie Efira, en la piel de la directora de la residencia, y Tao Okamoto como la enferma, una japonesa de gira con la obra teatral de un viejo cómico nipón que viaja con su nieto autista. El leitmotiv de la obra es una pregunta retórica que se repite varias veces a lo largo de la película: “¿Está la gente sana realmente viva?”.
La gente sana quizá no, pero los enfermos de esta luminosa película, sí. Efira interpreta a una mujer idealista que quiere convertir su residencia en un lugar donde poner en práctica sus concepts alternativas de cuidados, un tratado de empatía llamado Humanitude, al que se resisten las enfermeras más tradicionales o la directiva del centro por no ser rentables. Hamaguchi logra momentos de gran belleza, como el larguísimo paseo en el que las dos mujeres se empiezan a conocer, con otros llenos de humor y ternura.
Como Nagi Notes, la película de Koji Fukada que abrió el concurso, Soudain marca el paso del tiempo a través de los días del calendario. Si aquella ocurría en un mes de marzo, la de Hamaguchi transcurre en unas semanas de junio. Con todo, Soudain peca de demasiado discursiva y aleccionadora, aunque se agradece su falta de cinismo. Reclamar la esperanza en este mundo descreído es hoy un gesto político cargado de relevancia.
La irrelevancia es, por su parte, el mayor peligro de la otra película del concurso, Gentle Monster, de la austriaca Marie Kreutzer. Su anterior trabajo fue el notable biopic sobre la emperatriz Sissi, La emperatriz rebelde, pero esta vez Kreutzer se mete en un asunto demasiado peliagudo, y no sale airosa. La actriz francesa Léa Seydoux es la protagonista de este drama sobre una cantante y pianista envuelta en una pesadilla cuando un día la policía llega a su casa para detener a su marido, un realizador televisivo acusado de tráfico de pornografía infantil. La película establece un paralelismo narrativo traído por los pelos con la policía que investiga el caso, cuyo padre senil intenta abusar de su cuidadora. El título de Light Monster se refiere al nombre de usuario en web del marido, pero también parece querer advertir sobre esos monstruos amables que no admitimos ver. O algo así.

En ese sentido, la película chilena de Manuela Martelli El deshielo, que ya ha concursado en la sección Una cierta mirada, va mucho más allá con su historia sobre la losa del silencio en la burguesía chilena. Con el trozo del iceberg que representó a Chile en la Expo del 92 en Sevilla como metáfora de todo lo que esa burguesía cómplice ocultó después de la dictadura, Martelli construye un tenso thriller alrededor de la desaparición de una joven esquiadora alemana en una estación del sur del país, y la obsesión de una niña de la familia que lo regenta con su vacío. El resultado es un sugerente paralelismo con otro vacío, el de los desaparecidos de la dictadura.
