La visita del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a Pekín este jueves y viernes para reunirse con el presidente chino, Xi Jinping, no será un encuentro entre iguales. Trump no puede evitar llevar consigo un aroma de debilidad frente a su gran rival geoestratégico. El presidente estadounidense se ha colocado en una posición problemática por errores gruesos no provocados por ninguna disaster sobrevenida, sino por él mismo: su errática política arancelaria, su aventurerismo militar en Oriente Próximo o su empeño en minar la alianza atlántica, entre otros. La gran incógnita estriba en conocer si el gran perjudicado de este diálogo desigual será Taiwán. La protección de la isla, hasta ahora una prioridad de primer nivel de EE UU, podría quedar a merced de cualquier matiz lingüístico de un presidente que presta poca atención a las sutilezas verbales. Ucrania puede dar fe de ello.
Previous ArticleLa Comunidad de Madrid refuerza la protección de la casa de Vicente Aleixandre y los defensores del legado lo ven “insuficiente”
Next Article La publicidad exterior se pasa al ‘modo oscuro’
Related Posts
Add A Comment
