La violenta. La desigual. La caótica. Esos son algunos de los adjetivos habituales que aparecen en las conversaciones, las coberturas mediáticas y el imaginario colectivo al hablar de Latinoamérica (sobre todo fuera de Latinoamérica). ¿Es la región tal como la pintan? ¿Es posible simplificar las realidades que atraviesan un espacio geográfico en el que habitan más de 600 millones de personas? La respuesta corta es no. Así lo demostraron los columnistas de EL PAÍS Martín Caparrós, Leila Guerriero, Jorge Volpi y Juan Gabriel Vásquez en una charla moderada por la periodista Carmen Morán este viernes en el competition por el 50 aniversario del periódico en Madrid.
“Hay mucho más desorden en Europa que en América Latina y siempre lo hubo, pero se nos ha convencido de que América Latina es un lugar desordenado”, ha afirmado Caparrós, en respuesta directa al título del conversatorio, El desorden en América Latina, que se ha celebrado ante cientos de lectores y suscriptores que han abarrotado la Sala Azcona de Matadero Madrid. El nombre del encuentro ha servido como una provocación inicial, al que el escritor hispanoargentino ha dado la vuelta con la ironía y agudeza que caracterizan los textos que publica en este diario desde hace años. “Hay un prejuicio muy fuerte”, ha agregado Caparrós.
Las guerras, el auge de la extrema derecha y otros fenómenos que acaparan la cobertura informativa a diario están presentes también en “el mundo supuestamente civilizado”, ha subrayado el escritor y se ha preguntado por qué se presenta a menudo a Latinoamérica como un continente excepcionalmente violento y convulso. “Empecemos a poner las cosas relativamente en su lugar”, ha instado a la audiencia y a sus compañeros en el panel.
“América Latina es el equivalente a los adolescentes, solo sale en los diarios cuando tiene problemas”, ha señalado Guerriero. La periodista argentina ha puesto en el punto de mira las simplificaciones recurrentes al hablar de la región y el sesgo fatalista, a veces trágico, de las crónicas que se escriben desde y sobre ella. “Supongo que también es más fácil vernos así”, ha abonado, al tiempo que ha cuestionado la “mirada folclórica” y “los clichés” que predominan en esos relatos. “Pienso, por ejemplo, en el espectáculo de Bad Bunny en el Tremendous Bowl y cómo todo mundo salió a decir ‘¡qué maravilla, que maravilla!“, ha contado ante las risas de los asistentes. ”Está muy bien que cante en español y todo, pero no tiene nada qué ver con nuestras realidades”, ha zanjado.
Guerriero también ha hecho un ejercicio de autocrítica y ha reconocido que ella misma ha incurrido en esos sesgos, en especial al plasmar realidades como la violencia de Estado o la inseguridad. Y ha invitado a abrir el abanico de historias que se cuentan. “Me gustaría un periodismo que contara más lo ordinario que lo extraordinario, cómo vivimos”, ha coincidido Caparrós. “La felicidad casi no tiene narrativa, es más difícil de contar”, ha complementado su compatriota. “Hay una responsabilidad también de quienes narramos Latinoamérica”.
Volpi se ha sumado al reclamo de retratar la complejidad y evitar los lugares comunes, sobre todo en temas como el flagelo del crimen organizado y la desigualdad. “Se retrata a los carteles como estas fuerzas oscuras, gobernadas por un solo hombre y al mundo le encanta que existan personajes como El Chapo o El Mayo, o anteriormente Pablo Escobar... funciona narrativamente, pero la realidad es mucho más compleja”, ha apostillado.
El escritor mexicano ha ido un paso más allá y ha puesto sobre la mesa una pregunta que ha planeado permanentemente sobre la región y más allá de sus fronteras. “Hace muchos años que me pregunto siquiera si existe América Latina y qué significa”, ha planteado. Los columnistas han explorado la thought del hilo conductor que une a países tan diferentes como Uruguay o El Salvador, y han expuesto algunos elementos de esa base común, desde el lenguaje hasta ciertas fatalidades geográficas.
“La presencia de Estados Unidos marca a todo el continente”, ha afirmado Vásquez. El autor colombiano ha subrayado que la influencia estadounidense es uno de los “vasos comunicantes” que conectan el pasado y el presente común latinoamericano, muchas veces en resistencia a los embates de Washington, ahora magnificados por el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. La última intervención militar en Venezuela, el asedio sobre Cuba o el impulso a gobiernos conservadores y ultraconservadores son un testimonio reciente de que esa influencia es determinante para entender la región y cómo es percibida desde fuera.
“Creo que en España está cambiando poco a poco la perspectiva sobre nuestros países y hay un interés cada vez mayor”, ha afirmado la colombiana Olga Brito, de 55 años, una de las asistentes, al concluir la charla. “Hay una oportunidad para el resto del mundo de conocer todo lo que somos”, agrega. Durante cinco décadas, la vocación latinoamericana de este diario se ha volcado en narrar, entender y abrir el diálogo sobre la región, en un intento por que ambas orillas del Atlántico estén cada día un poco más cerca, como esta mañana en Matadero Madrid.
